Por Federico Campbell Peña
Ante el sigilo informativo respecto al viaje del subsecretario estadounidense de Estado John Dimitri Negroponte al Foro de Negocios en Monterrey (28 de octubre) donde apoyó la construcción de los muros fronterizos y a esta ciudad de México (30 de octubre), sólo queda dar como verídica la información de que tanto la Secretaría de Marina como la Sedena están muy disgustadas por la imposición desde Washington DC de la llamada "Iniciativa Mérida".
Ante su franco descontento, Negroponte habría venido a imponer los detalles técnicos y políticos del Plan México. Es decir, a jalar orejas y regañar a quienes todavía quieren mantener la soberanía del país por encima de intereses geopolíticos del Pentágono.
Los generales y almirantes, incómodos ante la presión directa de la Administración Bush y de sus agencias que actúan en México (CIA, DEA, FBI) y del gabinete calderonista (SRE, SSP, PGR), siguen sin querer la presencia en el país de más asesores militares estadounidenses.
Fue hasta el reciente viaje de los legisladores la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados a Washington DC cuando en boca del congresista demócrata por El Paso Texas, Silvestre Reyes, se enteraron del continuo entrenamiento de estos asesores a militares y policías mexicanos dentro de nuestro país en tácticas contrainsurgentes, so pretexto de combatir al narcotráfico.
Así se lo recriminaron a la canciller Patricia Espinosa durante su comparecencia ante esa Comisión en San Lázaro (31 octubre). Allí mismo, el diputado priista José Murat demandó "por quinta ocasión" según sus mismas palabras, a Espinosa, el documento original tanto de esta Iniciativa Mérida-Plan México como de la Asociación para la Seguridad y Prosperidad para América del Norte, ASPAN, echada a andar por el ex canciller Luís Ernesto Derbez.
Es por tanto, el ASPAN la base teórica de esta cooperación con el Pentágono, claramente definida en la corta reunión trilaeteral (Bush-Calderón-Harper) en Montebello Canadá y en la bilateral (Bush-Calderón el 13 de marzo en Mérida). Un TLC ampliado en materia de seguridad y no como queríamos, en materia migratoria y de protección a nuestro campo, a nuestros intereses nacionales.
Más allá del discurso oficial del combate al narcotráfico, no tendrían porqué los yucatecos padecer que el nombre de la hermosa ciudad blanca sea usado para disfrazar esta conspiración fraguada desde el Departamento de Defensa en tiempos de Donald Rumsfeld, encausado penalmente ahora ante la justicia francesa, de crímenes de guerra cometidos en Irak.
Ni el resto de los mexicanos tendríamos porqué padecer la visita de Negroponte, el ex embajador de EU en Camboya , directo responsable de la estrategia contrainsurgente de sus boinas verdes en el sureste asiático; en Honduras en los años 80s, donde fabricó a los "escuadrones de la muerte" centroamericanos y los campamentos de la contra nicaragüense; en México, donde recibió el título de Procónsul; en la ONU , donde se llegó a burlar de nuestro lúcido embajador, ya fallecido, Adolfo Aguilar Zinser en pleno debate sobre Irak (enero 2003) y también embajador en el Irak ocupado por su ejército, para el que trabaja.
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