• Prevención inexistente
Morir por la voluntad de otro, mi estimado, es morir dos veces. Funestos tiempos los que vive México, donde la vapuleada imagen internacional oscila entre la violenta lucha entre los barones de la droga y sus cifras escalofriantes de ejecutados diarios, pasando por el éxodo migratorio que tan sólo con Vicente Fox llegó a la friolera de más de dos millones de connacionales haciendo de este delicado problema un cruento debate en Estados Unidos —mientras el futuro de la situación legal de varios millones de indocumentados pende de un delgado hilo barnizado con violaciones elementales a los derechos humanos—, deteniéndose después en el peligro (para la inversión extranjera) de las explosiones en oleoductos de Petróleos Mexicanos, luego circulando por la negligencia y corrupción en casos tan sonados como el de los mineros enterrados en Pasta de Conchos, el fallecimiento de los trabajadores en la plataforma autoelevable Usumacinta y hoy en la tragedia que aqueja al pueblo de Tabasco, México muestra una cara demasiado vertiginosa de franca descomposición que no tarda en llegar a su punto de ebullición.
Pero hay que hacer la pregunta de cajón, my friend, en tres de los acontecimientos que han dado la vuelta al mundo en minutos y que tienen un factor común: las tres pudieron ser evitadas. En las tres hubo una ventana que permitía pronosticar el desastre... en las tres hay indiscutible tufo de negligencia y corrupción.
Pasta de Conchos es ejemplo internacional de complicidad entre Grupo México y el gobierno panista en turno. Sesenta y cinco mineros yacen sin que se pueda saber a ciencia cierta qué rayos pasó mientras la empresa de Germán Larrea presume cifras y vende el cuento de llevarse sus inversiones a otro país cuando la razón no es política, sino de negocio. Las deplorables condiciones laborales ocasionaron la muerte de esos mineros.
Las terribles condiciones en las que se trabaja en plataformas de Pemex, sin las mínimas condiciones de seguridad, produjeron el fallecimiento de más de 22 trabajadores pero sobre todo la prevención fue nula por parte de las autoridades federales, estatales, municipales. Sí, la prevención ante el pronóstico del tiempo que anunciaban rachas de vientos de más de 120 km/hr donde debieron aplicarse con antelación las normas de seguridad como la previa evacuación, como ordenarle a la contratista el retiro del equipo de perforación con anticipación. El personal nunca debió ser evacuado en pleno mal tiempo con fuga de gases altamente tóxicos. La combinación de errores, my friend, resultó en la pérdida innecesaria de vidas humanas.
El edén de Tabasco bajo el agua, cuyas terribles imágenes reprodujeron las cadenas noticiosas internacionales, estuvo aderezado con comentarios de similitudes con Nuevo Orleans sobre corrupción, negligencia y el dato de la ONU.
El ligero argumento del cada vez más rebasado Felipe Calderón —quien empequeñecido (tamaño natural) aparece en imágenes mostrando urgencia por encontrar su camino rumbo a la legitimación— sobre las causas de las inundaciones endosando por completo el cheque al cambio climático producen algunas divertidas dudas. Sobre todo ante las maravillosas declaraciones del gobernador Andrés Granier que ayudan al sospechosismo que, además de bitchy Mother Nature, hay huellas innegables de la mano del hombre. La que mece la cuna política. La que con el poder de su firma utiliza recursos a discreción.
La primera y elemental sería: ¿por qué ante la lluvia inmisericorde no se previnieron diversos escenarios? ¿Que no es bastante público el devastador pronóstico sobre serias precipitaciones pluviales que, año con año, gracias al calentamiento global, conllevan como resultado? ¿Por qué no hay una cultura de prevención (tan cacareada) en lugar de la distintiva reacción...?
¿Cuál fue el papel estratégico de la CFE ante la pertinente lluvia y sus manejos en los niveles del agua de cuatro de sus presas...? ¿Las peligrosas inundaciones las provocaron únicamente los ríos desbordados o... tuvieron algún tipo de, digamos, ayuda humana...?
¿Hubo exceso de confianza en los porcentajes máximos de seguridad que tiene cada presa en su llenado...?
O sea resumiendo: ¡¿existe la posibilidad que ante la lluvia de a madres se descubriera con horror que los porcentajes se iban rebasando y se tomó la decisión de ir desfogando para prevenir otro tipo de catástrofe..?!
La verdad irá, como el agua, brotando poco a poco, donde seguramente arrastrará y ahogará a varios... eso sin contar, my friend, con el peligroso ánimo social.
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