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19 febrero 2008

Tradicion viva

Sergio Elías Gutiérrez 19 Feb. 08 El Norte / REFORMA

Hace algunos días Carlos Fuentes, que este año estará celebrando sus primeros 80 años de vida, alertó en estas páginas sobre la "pipolización" de la política. Esto en referencia a las revistas del corazón, como People, que ocupan un lugar de privilegio entre los lectores de muchos países.

Quizá sin proponérselo, los políticos brincan a las páginas de sociales con gran facilidad. Refería a Nicolás Sarkozy, presidente de Francia, quien se ha convertido en una atracción mediática por su matrimonio con la ex modelo y cantante Carla Bruni. Casi nadie lo menciona por su proyecto de transformar a Francia, ahora es sólo el esposo de la ex modelo famosa.

Los medios, por lo general, se ocupan de la vida, pormenores, tareas, afanes y desgracias de los artistas, de los deportistas y al último de los políticos. La velocidad de los acontecimientos, y sobre todo, la cantidad de ellos, impide que éstos se queden en la memoria colectiva por muchos días. Nadie recuerda ya a Vicente Fox, como no sean sus detractores que hoy en día le sobran.

Una notable excepción notable a esta vorágine informativa que sólo da cuenta del presente por demás efímero, es un libro de Carlos Monsiváis, "Imágenes de la Tradición Viva", recientemente publicado por el Fondo de Cultura Económica en coordinación con la UNAM y la editorial Landucci.

Contra el inmediatismo en boga, se dedica a rescatar muchas de las tradiciones que han dado forma a este país. En casi 700 páginas de texto, con centenares de fotos, grabados e ilustraciones, repasa 30 de las muchas tradiciones que existen en México.

A punto de cumplir sus primeros 70 años (nació en el DF el 4 de mayo de 1938), Monsiváis hace la crónica cotidiana de lo mucho que acontece en el País. Casi nada escapa a su aguda inteligencia y a sus ojos que todo lo ven. Uno de sus contemporáneos, el escritor José Emilio Pacheco, alguna vez dijo que Monsiváis tiene más de un clon, como se dice ahora. Sólo así se explica que se le vea dando una conferencia en Monterrey prácticamente al mismo tiempo que está en la Ciudad de México. Tiene, dice, al menos el don de la ubicuidad.

El libro abre con la primera y más importante de las tradiciones mexicanas, la de Virgen de Guadalupe, fundadora de todas las demás. Los mexicanos la adoran con un "sentido del espectáculo y la aglomeración". Nada convoca, ni el PRI en sus mejores años, tanto pueblo como la morena del Tepeyac. No en balde antes se decía que en este país, hasta los ateos eran guadalupanos. Nos cuenta que Carlos de Sigüenza y Góngora llamó al milagro de las rosas "la primavera portátil".

A este capítulo inaugural del viaje por el México profundo, sigue el de las tradiciones indígenas. Luego el de las del Virreinato y de ahí, sin mucho orden cronológico, un repaso por los más bellos recuerdos del México que pocos añoran, quizá porque pocos recuerdan o conocen. Nuestra caída en la modernidad no ha permitido que seamos un país en verdad moderno, pero en el tránsito hemos perdido mucho sentido de lo que fuimos y que de muchas maneras seguimos siendo.

El mestizaje y las guerras de la Independencia, en el siglo 19, el catolicismo, la secularización, la dictadura del Porfirio Díaz, la tradición popular plasmada en las catrinas de José Guadalupe Posada y la Revolución Mexicana son observados por Monsiváis. No está de más decir que en cada uno de los recorridos el autor hace gala de su cultura sin igual y de su prodigiosa y aguda memoria.

Algunos escritores mexicanos, los más notables, Ramón López Velarde, Octavio Paz y Juan Rulfo y, por supuesto, en un lugar destacadísimo, el cine mexicano, forman parte de esas tradiciones vivas que hay que preservar.

Lástima, es un libro caro, sobre todo para los estándares de consumo de libros de los mexicanos, no obstante los patrocinios conseguidos para su realización. Pero lo que es invaluable es el trabajo de rescate de la historia no oficial de México.

Si Monsiváis sólo hubiera escrito este libro, sería merecedor de un sitio de honor en las letras nacionales. Para fortuna de sus lectores, sigue presente en las muchas páginas que escribe a diario.

El libro no contiene los debates de la actual coyuntura. Es un espejo retrovisor de lo mejor que hemos tenido, que es mejor que lo que tenemos.

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