Lux, Revoluciones
Ayer hable por teléfono con una amiga, salimos casi de pleito cuando tocamos temas políticos, a pesar de quejarse por la carestía de la vida y la situación del país, no se quita la venda de los ojos ni trata de entender el porque, yo le dije: ¡eso es gracias a tu presidente del empleo, para que vivas mejor! A lo que me respondió categórica: México siempre ha estado así, desde antes y no se puede cambiar en un sexenio. Yo trate de explicarle mi postura, pero ella no me dejaba, a cada argumento recibía a cambio una respuesta hueca y estereotipada: ya ves como somos los mexicanos, es imposible cambiar, así estamos, así somos, siempre nos dejamos, todos los políticos son iguales, el que no es tranza no avanza, etc. Incluso en un momento se sintió agredida, por lo que cambiamos de tema.
Mi amiga esta tan bien aleccionada (alienada) por la des-información, que como en la cueva de Platón, cree que las cosas deben ser de esa manera y que otros modelos son imposibles de aplicar en este país. Aunque le restrieguen en la cara miles de evidencias y motivos, o la realidad le muestre lo contrario a sus creencias. Ella ha construido su verdad artificialmente, que los medios de información se dedican a alimentar cotidianamente con mentiras. Como esta tan ocupada trabajando para salir adelante (dos chambas), no tiene el tiempo ni las ganas de ponerse a leer un periódico o revista seria, entonces lo más fácil es ver la televisión, sintonizar los canales que ya conoce, y asimilar lo que le dan, así sea pura intoxicación, para luego apropiársela y cristalizarla en su repertorio de certitudes.
Sin embargo, los hechos son contundentes o como dijera Lenin “los hechos son tercos”, los mitos creados por los medios masivos de comunicación prevalecen, la gente como mi amiga prefieren creer en imágenes falseadas, acontecimientos maquillados y cifras alegres, antes de aceptar la fría realidad. Es infinitamente mas agradable aspirar al mundo de la “gente bonita” que aceptar la cotidianeidad, de esa manera la evasión se convierte en modus vivendi; obnibulados por actos mediáticos y discursos políticos efecticistas esperando el momento de llegar a ser la quinta potencia mundial, y en ese tenor, como drogados entramos de lleno a foxilandia, calderolandia o a babalandia.
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