El gobierno en sus 100 primeros días mostró que con respecto al gobierno anterior, el cambio en materia económica tenía pocas variables, a decir verdad, además de insistir en las reformas macroeconómicas estructurales y de mostrar las maravillas que no tenemos, prefirió incluso en el tema del empleo -tema central-, ir para atrás y no comprometer metas, ni expectativas, se dedica más a hablar de la seguridad y el estado de derecho.
A principios de 2007, luego de la toma de posesión del nuevo gobierno, las metas de crecimiento económico eran del 4% del PIB, en 2006 se dio el crecimiento más alto del sexenio del 4.8%, pero se da porque se abrió el gasto público en el último año del sexenio Foxista, la economía se reactiva sólo ese año, el caso es que los especialistas del actual gobierno creyeron que esa meta del 4% se iba a lograr por pura inercia del aparato económico y ahora al final del segundo trimestre del año, los datos, por ejemplo en empleo, se han derrumbado, mientras los indicadores de la actividad económica manufacturera muestran una caída y más optimistas veríamos la continuación del permanente estancamiento que los últimos gobiernos nos han acostumbrado; y entonces con esos resultados lo que nos dicen es que hay que ajustar las expectativas a la baja, ahora el crecimiento del PIB se prevé entre 3.6 y 3.7%, la meta de empleo se ajusta a depender, como hasta ahora, de la exportación neta de trabajadores a los Estados Unidos, en poco más de 400 mil trabajadores que emigran al año, los 800 mil empleos anuales y el 5% de crecimiento del PIB, se convirtieron en promesas incumplidas del nuevo gobierno.
La primera reforma estructural del gobierno: las pensiones del ISSSTE, además del creciente descontento que ha traído consigo, no tiene un beneficio concreto, ni siquiera los trabajadores regularizados, que en muchos casos era un verdadera injusticia tenerlos por honorarios o lista de raya, se pueden sentir agradecidos, si es a costa de ellos que los demás salen perjudicados; pero hasta ahora, no se ven ni los 8 mil millones de pesos en equipo, en material, en infraestructura, en contratación de personal o en abasto de medicamentos; es decir peor que si no se hubiera hecho nada, no hay resultados.
En la conferencia nacional de gobernadores, celebrado recientemente en Puerto Vallarta, en un acto por demás perverso, salieron a relucir los propósitos del actual gobierno en materia económica, se pretende una reforma fiscal, pero aún los objetivos no están terminados, y sin embargo lo que hasta ahora se ha corroborado es la forma en que esta se piensa lograr, gravando al consumidor y no al capital. La variable de la política fiscal, la recaudación, se plantea ampliar para los consumidores, con impuestos indirectos y no con impuestos al capital. Es perversa la actuación del gobierno al llamar a la conferencia de los gobernadores, pedir su apoyo al gobierno, y en medio de esto, anunciar la liberación de más de 2 mil 400 millones de los ingresos petroleros extraordinarios para los Estados, ni más ni menos maicearlos y así comprar las voluntades, ya ni los gobernadores PRDístas se acuerdan que la CONAGO fue un invento suyo, que tenía el propósito de servir de contrapeso al ejecutivo, ahora con esta nueva versión del PRIAN, no existe ya ni siquiera la forma para no demostrar su servilismo ante el gobierno federal. La CONAGO , paso a ser parte del aplausometro del gobierno en turno, que le compra la voluntad según reparta los recursos, ni quien se acuerde que en el sexenio pasado esta misma CONAGO, quiso imponer sus criterios de política fiscal.
Pero ahora la duda crece, un gobierno que no propone una política de promoción de manufacturas que se atiene a las maquiladoras, cuando estas entran en pleno declive; una política agrícola encadenada al TLC que en el año próximo libera Fríjol y Maíz -básicos de la dieta de millones de mexicanos-, que ya dio síntomas de una crisis social al principios de 2007, cuando los maiceros norteamericanos en lugar de vendernos maíz, prefieren usarlo para producir etanol. Y que decir de los anuncios y señales que por dos años ha tenido la economía norteamericana de ir a una etapa de recesión, indicadores por ejemplo, de la vivienda, que es básico, que retrocede por dos bimestres consecutivos, en EUA y que ya toman medidas de corte Keynesiano de empleo improductivo para paliar la situación y en nuestro caso no hay un plan B para tal eventualidad.
El equipo económico, encabezado por el Secretario de Hacienda Agustín Cartens, ex funcionario del FMI, ha mostrado su inoperancia, que lleva por ejemplo a que en el último foro de la publicación The Economist, el 30 de mayo en el que fue el principal orador, se plantee una serie de ideas ligadas a la seguridad, narcotráfico y aduanas, que en realidad sus planteamientos están acordes a lo que esperan o piensan los norte americanos de nosotros, pero no es lo que el responsable de la política económica de México debiera plantear de la situación económica actual, de sus preocupaciones o de las metas y diagnósticos que han venido elaborando, más bien parecen estar de acuerdo con esa visión de que el país es un traspatio de la política de EUA. Esa misma impresión nos lleva a los resultados de la secretaría economía en el reciente problema del maíz, más pareciera una justificación y una actuación a favor de las almacenadoras en el norte del país y de los productores que se hincharon con el incremento del precio de las tortillas y amenazan festivamente al inicio del ciclo agrícola de volver a encarecer el producto sin que la Secretaría de Economía atine a que ella es la que pone las reglas, no los especuladores, intermediarios o productores voraces. Y que decir de la política monetaria en manos del Banco de México, de Francisco Gil Díaz, que no es del agrado del equipo de la presidencia que no sólo es la continuidad de la política Foxista, sino que incluso viene de atrás del ex presidente Ernesto Zedillo, si bien poco podemos decir de las ideas monetarias de Calderón o de sus colaboradores, lo cierto es que resulta una incongruencia cuando menos, que tengamos las reservas internacionales, de más de 70,000 millones de dólares, mientras no están asegurados los alimentos para la población, o que decir de la política de empleo que hasta ahora es inexistente, e incluso la pérdida de un número importante de los mismos.
En todos estos temas lo que se espera del equipo económico en cualquier gobierno del mundo son resultados y lo que hay hasta ahora son graves afectaciones a la población y al Estado: no puede ser que las únicas políticas públicas sean las que se instrumentan en beneficio sólo de una parte muy pequeña de la población, los empresarios amigos de la presidencia, porque a final de cuentas, la sociedad entera tendrá que solucionar este desatino.
Fuente: Celso Cristóbal Hernández Rojas, Taller de Economía Social y Políticas Públicas, Facultad de Economía de la UNAM.
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