Con la fuerza mediática que el señor Rivera posee, poner en el mismo párrafo aborto, sociedades de convivencia y luego el mismísimo diablo es una incitación a la homophobia.
El truco es tan obvio como efectivo.
Dice el director general de la Iglesia católica mexicana, al que sus fieles llaman arzobispo, que no tolerará el aborto, la pederastia y la eutanasia. Y en el mismo discurso llama "inmoral" a la Ley de Sociedades de Convivencia del Distrito Federal y termina mezclando todo en el mismo paquete y calificándolo de un embate implacable a los valores de la familia.
Habló también de las "fuerza del infierno" y otras alegorías propias de la religión que el señor profesa.
La batalla sobre el aborto, lo sabemos, será épica, aunque empezó cómica gracias a don Roberto Gómez Bolaños.
Y más de uno resbalará, como Chespirito. Algunas certezas, sin embargo, tenemos: el cinismo de la jerarquía.
Ahora resulta que son estos señores de la Iglesia católica los más preocupados por la pederastia. Tolerancia cero, claman, ante sacerdotes abusadores.
Pido al lector guardar la risa… o el llanto. Para muchos esto ha sido una tragedia.
Como buenos propagandistas, son magos para confundir y manipular.
Poner en el mismo discurso al aborto, la eutanasia, las uniones civiles de homosexuales y la pederastia es para igualarlos.
Es, por supuesto, legendario el problema no resuelto de la jerarquía católica con el sexo. Pero no justifica las mentiras.
Dice el arzobispado en su comunicado en "defensa" de la vida: "La tutela efectiva del derecho a la vida de todos y cada uno de los mexicanos, sin aceptar discriminaciones injustas originadas en la raza, en la religión, en el sexo o en el estado de su desarrollo, es la base para el ejercicio de todos sus derechos y libertades".
Omite el arzobispado, por supuesto, la sistemática e institucional discriminación contra los homosexuales en que la Iglesia católica se ha empeñado desde hace siglos. Porque ya a estas alturas del partido ni ellos se deben creer lo de condena el pecado y abraza al pecador.
Lo imperdonable ahora, me parece, es aprovechar el debate sobre la penalización o no del aborto para volver a dar añejas batallas.
Imposible saber si es simple ignorancia o mala fe. Pero no es nuevo.
El arzobispado lleva unos meses atorado en una discusión pública y poco "cristiana" (al menos por el tono) con la periodista Sanjuana Martínez, autora de un libro en el que señala a Norberto Rivera como posible encubridor de un presunto sacerdote pederasta, Nicolás Aguilar.
No quisiera enredarme en los detalles de la acusación ni en las precisiones de si Sanjuana a podido probarla periodísticamente.
Pero un párrafo de en un largo comunicado de prensa que pretende descalificar y desmentir a Sanjuana, revela cómo y qué piensa la jerarquía de la Iglesia mexicana sobre la homosexualidad.
Alega Sanjuana que habiendo tenido la oportunidad de hacerlo, Norberto Rivera no advirtió a Roger Mahony, arzobispo de Los Ángeles, ciudad a la que había sido transferido el presunto pederasta, de que lo era.
Arremete el arzobispado: Sanjuana miente porque cuando Aguilar fue transferido, Norberto Rivera escribió una carta a Mahony y "adjunta un informe confidencial en el que le advierte de su homosexualidad".
¿Perdón?
De lo que se acusa el sacerdote Aguilar no es de homosexual, sino de pederasta. Y aunque don Norberto y sus amigos no quieran creerlo, no es lo mismo. ¿O sí lo creen y no quieren decirlo?
¿Se confunde Norberto? ¿O es por joder?
Hay muchos sacerdotes homosexuales. Algunos pederastas.
La pederastia es un crimen, un delito. La homosexualidad no (aunque Norberto y sus amigos quieran que sea).
La mezcla de ambas cosas es más que falsa, es perversa.
Similar a la que intenta Norberto ahora mezclando aborto con la Ley de Sociedades de Convivencia.
El lenguaje, lo que se dice, importa.
Con la fuerza mediática que el señor Rivera posee, poner en el mismo párrafo aborto, sociedades de convivencia y luego el mismísimo diablo es una incitación a la homofobia.
Lo que importa del actual debate sobre el aborto más que la resolución, que es muy importante, es su carácter.
La Iglesia católica y su jerarquía han comenzado con las peores tácticas del propagandista. Medias verdades, mentiras completas, la estrategia del miedo.
Y está en pleno y desatado activismo.
¿Quién los para?
Urge un activismo similar (con mejor estrategia y más verdades) de los líderes de una sociedad que se pretende liberal, republicana, laica y democrática. Todas esas cosas que la jerarquía católica mexicana no es. Urge señalar pública y decididamente las intenciones de Norberto de regresar al debate sobre los derechos de los homosexuales y hacerlos actos en contra de la familia y del diablo.
La semana pasada escribí aquí que era una oportunidad, casi un deber, de Felipe Calderón intervenir en el debate desde la perspectiva de las políticas públicas, no desde su fe (tan respetable como privada). Y dejar claro que la de la Iglesia católica es una entre muchas de opiniones a tomar en cuenta.
El Presidente está de vacaciones.
Norberto está que no para.
El truco es tan obvio como efectivo.
Dice el director general de la Iglesia católica mexicana, al que sus fieles llaman arzobispo, que no tolerará el aborto, la pederastia y la eutanasia. Y en el mismo discurso llama "inmoral" a la Ley de Sociedades de Convivencia del Distrito Federal y termina mezclando todo en el mismo paquete y calificándolo de un embate implacable a los valores de la familia.
Habló también de las "fuerza del infierno" y otras alegorías propias de la religión que el señor profesa.
La batalla sobre el aborto, lo sabemos, será épica, aunque empezó cómica gracias a don Roberto Gómez Bolaños.
Y más de uno resbalará, como Chespirito. Algunas certezas, sin embargo, tenemos: el cinismo de la jerarquía.
Ahora resulta que son estos señores de la Iglesia católica los más preocupados por la pederastia. Tolerancia cero, claman, ante sacerdotes abusadores.
Pido al lector guardar la risa… o el llanto. Para muchos esto ha sido una tragedia.
Como buenos propagandistas, son magos para confundir y manipular.
Poner en el mismo discurso al aborto, la eutanasia, las uniones civiles de homosexuales y la pederastia es para igualarlos.
Es, por supuesto, legendario el problema no resuelto de la jerarquía católica con el sexo. Pero no justifica las mentiras.
Dice el arzobispado en su comunicado en "defensa" de la vida: "La tutela efectiva del derecho a la vida de todos y cada uno de los mexicanos, sin aceptar discriminaciones injustas originadas en la raza, en la religión, en el sexo o en el estado de su desarrollo, es la base para el ejercicio de todos sus derechos y libertades".
Omite el arzobispado, por supuesto, la sistemática e institucional discriminación contra los homosexuales en que la Iglesia católica se ha empeñado desde hace siglos. Porque ya a estas alturas del partido ni ellos se deben creer lo de condena el pecado y abraza al pecador.
Lo imperdonable ahora, me parece, es aprovechar el debate sobre la penalización o no del aborto para volver a dar añejas batallas.
Imposible saber si es simple ignorancia o mala fe. Pero no es nuevo.
El arzobispado lleva unos meses atorado en una discusión pública y poco "cristiana" (al menos por el tono) con la periodista Sanjuana Martínez, autora de un libro en el que señala a Norberto Rivera como posible encubridor de un presunto sacerdote pederasta, Nicolás Aguilar.
No quisiera enredarme en los detalles de la acusación ni en las precisiones de si Sanjuana a podido probarla periodísticamente.
Pero un párrafo de en un largo comunicado de prensa que pretende descalificar y desmentir a Sanjuana, revela cómo y qué piensa la jerarquía de la Iglesia mexicana sobre la homosexualidad.
Alega Sanjuana que habiendo tenido la oportunidad de hacerlo, Norberto Rivera no advirtió a Roger Mahony, arzobispo de Los Ángeles, ciudad a la que había sido transferido el presunto pederasta, de que lo era.
Arremete el arzobispado: Sanjuana miente porque cuando Aguilar fue transferido, Norberto Rivera escribió una carta a Mahony y "adjunta un informe confidencial en el que le advierte de su homosexualidad".
¿Perdón?
De lo que se acusa el sacerdote Aguilar no es de homosexual, sino de pederasta. Y aunque don Norberto y sus amigos no quieran creerlo, no es lo mismo. ¿O sí lo creen y no quieren decirlo?
¿Se confunde Norberto? ¿O es por joder?
Hay muchos sacerdotes homosexuales. Algunos pederastas.
La pederastia es un crimen, un delito. La homosexualidad no (aunque Norberto y sus amigos quieran que sea).
La mezcla de ambas cosas es más que falsa, es perversa.
Similar a la que intenta Norberto ahora mezclando aborto con la Ley de Sociedades de Convivencia.
El lenguaje, lo que se dice, importa.
Con la fuerza mediática que el señor Rivera posee, poner en el mismo párrafo aborto, sociedades de convivencia y luego el mismísimo diablo es una incitación a la homofobia.
Lo que importa del actual debate sobre el aborto más que la resolución, que es muy importante, es su carácter.
La Iglesia católica y su jerarquía han comenzado con las peores tácticas del propagandista. Medias verdades, mentiras completas, la estrategia del miedo.
Y está en pleno y desatado activismo.
¿Quién los para?
Urge un activismo similar (con mejor estrategia y más verdades) de los líderes de una sociedad que se pretende liberal, republicana, laica y democrática. Todas esas cosas que la jerarquía católica mexicana no es. Urge señalar pública y decididamente las intenciones de Norberto de regresar al debate sobre los derechos de los homosexuales y hacerlos actos en contra de la familia y del diablo.
La semana pasada escribí aquí que era una oportunidad, casi un deber, de Felipe Calderón intervenir en el debate desde la perspectiva de las políticas públicas, no desde su fe (tan respetable como privada). Y dejar claro que la de la Iglesia católica es una entre muchas de opiniones a tomar en cuenta.
El Presidente está de vacaciones.
Norberto está que no para.
(Fuente: ?, nota enviada al correo por lectora del blog)
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