Irán celebra mañana el Día Nacional de la Energía Atómica, y está previsto que revele una "buena noticia". La mayoría de los observadores se muestran convencidos de que supondrá un nuevo desafío a las restricciones que quiere imponerle la comunidad internacional.
"No ha sido en absoluto un éxito de Ahmadineyad. A los duros les hubiera encantado que se declarara una guerra, porque eso les permitiría encubrir los problemas económicos y sociales que no son capaces de resolver", interpreta un analista iraní. "Ahmadineyad anunció la liberación de los británicos porque el sistema ha concluido que el presidente tiene que dar una buena imagen", añade convencido de que se ha tratado de una forma de "mantener el equilibrio" interno.
De hecho, el jefe del Gobierno ha tenido escaso protagonismo en una crisis que se gestionó y resolvió sin su intervención directa. Participó, eso sí, en las reuniones del Consejo Supremo de Seguridad Nacional (CSSN) que decidieron el desenlace del problema. Es en ese foro, que reúne a todos los grupos de poder, donde se decide la política exterior y nuclear, con el visto bueno final del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei. En este caso, a decir de varias fuentes consultadas, el sistema, ese entramado de centros de poder entrelazados y que a menudo compiten entre sí, "presionó al líder" para que no dejara el asunto en manos de Ahmadineyad.
"Ya no es el presidente que era; ni el Parlamento, ni el estamento religioso ni figuras de peso como Rafsanyani y otros, le respaldan", asegura el analista citado. "Hace ya tiempo que le han apartado de los asuntos de política exterior y nuclear", subraya.
La mayoría de esas fuerzas parecen haber llegado a la conclusión en los últimos meses de que el estilo combativo de Ahmadineyad está dañando la imagen de Irán y sirviendo de excusa para la creciente presión internacional que sufre. La gravedad de esa situación se ha hecho evidente ante la crisis nuclear. En menos de un año, el Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado tres resoluciones conminatorias, para desmayo del Gobierno de Teherán, que defiende el carácter exclusivamente civil y pacífico de su programa.
Y el programa nuclear es realmente la batalla que importa hoy día en Irán. Lograr que la comunidad internacional reconozca su derecho ("inalienable", dice la propaganda oficial) a completar el ciclo de combustible se ha convertido en una cuestión de orgullo nacional. Harta de los dobles raseros de la comunidad internacional, de ser tratada como Estado paria, la República Islámica ha apostado su dignidad a la ficha nuclear. No es una cuestión de fundamentalistas o moderados, conservadores o reformistas. Los distintos grupos pueden discrepar sobre cómo gestionar el asunto, pero su objetivo es el mismo: entrar en el club atómico.
Significativamente, fue el secretario del CSSN, Alí Lariyaní, al que en Occidente se conoce sobre todo por su papel como responsable de la negociación nuclear, quien ha llevado las riendas en la crisis de los marinos. Tanto Lariyaní como Ahmadineyad son dos políticos ultraconservadores, pero su forma de afrontar los problemas es muy distinta. Mientras que el presidente tiende a utilizar una retórica belicosa y exaltada, Lariyaní, que compitió con él en las últimas elecciones, se muestra menos inflexible y más práctico.
"Es un hombre tratable", le describen varios embajadores europeos que han departido con él. Ahora bien, esa diferencia de estilo no se traduce en diferencias notables ante la cuestión nuclear. Y el propio Lariyaní lo dejó bien claro el pasado miércoles durante una conversación telefónica con el jefe de la diplomacia europea, Javier Solana. "La suspensión del enriquecimiento no puede ser ni la condición previa ni siquiera el resultado de las negociaciones", le dijo, según los medios locales.
Nadie sabe cuál va a ser la "buena noticia" del Día de la Energía Atómica, que conmemora la fecha en la que Irán anunció el año pasado que sus científicos habían logrado enriquecer uranio por encima del 3,5% (el umbral para producir combustible nuclear). El diario reformista Etemad Melli adelantaba ayer que Ahmadineyad, que con ese motivo se trasladará a la planta de Natanz, va a comunicar "la puesta en marcha de una cascada de 164 centrifugadoras", las máquinas en las que se enriquece el uranio.
Aunque a mediados del pasado febrero los responsables iraníes ya comunicaron al Organismo Internacional de la Energía Atómica la instalación de las dos primeras cascadas de la instalación industrial (dos con carácter experimental llevan funcionando un año), no se tiene noticia de que llegaran a ponerlas en marcha.
En cualquier caso, un anuncio de ese tipo cuando la ONU acaba de reforzar las sanciones por su negativa a suspender el programa, complicaría aún más las negociaciones con la comunidad internacional.
Fuente: El País
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