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03 abril 2007

Izquierda, derecha e intelectuales

Rafael Segovia, Proceso 1587

Los daban por muertos. Los millones de personas que votaron por López Obrador y el PRD pasaron a ser considerados hombres y mujeres ausentes, desaparecidos o arrepentidos; cualquier cosa, menos dispuestos a llenar otra vez el Zócalo. No han escarmentado. Y el presidente tampoco. Menos aún quienes se regodeaban con la liquidación incruenta de la izquierda mexicana: López Obrador había reconocido su inanidad desde la noche de la elección. Fue un acto de contrición confesado a un misterioso personaje, quien se lo comunicó a otro igualmente misterioso. Había perdido la elección y no quedaba sino la imagen del vencedor, por un 0.7% que en teoría democrática vale tanto como un 85%.

La consecuencia de la torpe actuación del IFE fue una serie de actos de protesta tal que el propio Felipe Calderón dudó de su situación, según ha confesado recientemente. El Zócalo conoció unas manifestaciones que no se habían visto nunca. Alegar, como se hizo, que con la nómina del Distrito Federal en la mano se podía llenar el Zócalo con toda facilidad, no pasó de ser su sandez. Llevar un millón de personas a una manifestación de protesta, con o sin nómina, sólo pudo evocar algunos momentos del cardenismo, y no se llegó a ese número. Debe decirse que, entonces, el Distrito Federal estaba mucho menos poblado. Lo sucedido el pasado domingo 25 tiene una significación especial. [habra que preguntarle al señor Carlos Acosta (Proceso) si lo ve de este modo o sigue aferrado a solo destacar "el desgastado discurso de AMLO", si como no, desgastado pero bien que jala gente ¿verdad?].

En primer lugar, se mantiene el llamado de López Obrador y, hasta donde cabe, el del PRD, pese a la campaña desplegada en los medios. No sólo se trata del vigor de la figura para resistir el embate; lo importante está en saber imponerse a la imagen presidencial. Nadie sabe quién es el encargado de proyectar esta última; se sabe en cambio lo mal que la hace: la imagen del presidente no ha penetrado en el grueso de la población, y cuando lo logra no convence. Se advierte a un hombre indeciso, carente de ingenio, temeroso, cercano a los hombres de dinero, respetuoso hasta la exageración de la Iglesia. En resumen, es la imagen de la derecha. Y las consecuencias se vieron en el Zócalo. [A Calderón lo repudiamos y repudiaremos hasta el cansancio, pero yo lo sigo creyendo así DERROCARLO ES SOLO UN PASO, NO ES EL TODO EN SI].

Que el país está dividido en dos mitades desiguales donde la izquierda es mayoría, no puede dudarse. Como es sabido, la izquierda no dispone de los medios financieros capaces de competir con los de la derecha. La manera de actuar de ésta debe, pues, ser otra: lo estamos viendo. Actúa al margen de los instrumentos propiamente políticos o los compra; aprovecha la tendencia a la corrupción de líderes sindicales, como ha sido el caso de los maestros y los mineros. Cuenta para ello con el aparato estatal y con una pasividad escandalosa de los medios, mientras la izquierda se destroza internamente. Por fortuna la derecha la imita, consecuencia de su ideologización por la presencia e influencia de organizaciones religiosas, deseosas de ganar en la vida política lo que pierden en lo que llamaban con temor el mundo, es decir, la calle, la vida cotidiana, la laicización progresiva de las sociedades, el abandono de las prácticas religiosas.

La influencia declinante de la Iglesia se ha reflejado en el voto. ¿Se podía siquiera imaginar unos resultados como los del 2 de julio hace 20 años? ¿Los 14 millones que votaron por López Obrador? ¿La manifestación de los 60 mil que rechazaron la nueva ley del ISSSTE? Y al señor Felipe Calderón le corresponde echar cuentas con ayuda de sus servicios de información y, a partir de esos números, organizar su programa de gobierno y su actividad política, ante todo partidaria.

El rechazo brutal a los intelectuales manifestado por el presidente de la República puede extenderse a la izquierda, con sus remilgos creando rencores. Estas actitudes están presentes desde la llamada época de las revoluciones, desde la independencia de Estados Unidos hasta la revolución de 1848. Durante esos más de 70 años la izquierda estuvo encabezada por unos grupos intelectuales de innegable calidad, lo que les llevó a consolidar visiones políticas individuales que terminaron por constituirse en ideologías intolerantes que culminaron en el estalinismo. La suma del poder político y el poder de las ideas llevó a los conflictos inacabables. La postura actual de la izquierda intelectual mexicana es un lodo de aquellos polvos.

En el PRD se apunta una escisión de los llamados despectivamente Chuchos. No es la única, como veremos tan pronto como se rompa la Convención. Todos piensan –lo que está muy bien–, y todos quieren tener su parcela de poder –lo que está muy mal. Las críticas han apuntado a este momento, a la concentración en el Zócalo de López Obrador. Con una unanimidad conmovedora, se ha encontrado al culpable de la situación actual de la izquierda. No hay programa, no hay decisión, no han guía. Sin embargo, para desesperación de sus críticos, López Obrador llena otra vez el Zócalo hasta los topes, mientras ellos no pueden llenar ni la sala de su casa. [Y que conste que fue una probadita nada más] No pueden dudar de la capacidad de quien condujo a la izquierda hasta el borde del triunfo. No queda sino aceptar que es el único líder de la izquierda mexicana capaz de movilizar a la gente, al hombre común y corriente, a la mujer sin calificaciones, a quienes no han ido más allá de la secundaria, y tenerlos horas en la calle, esperando a su líder. Tratar de enfrentarse con él, de eliminarlo, está autorizado, porque la democracia autoriza de hecho y de derecho todo. Hasta la tontería y la vanidad. Y, más que nada, la ambición…

Comentario: Este se lo pude leer y explicar con manzanias a una chica panista que conozco y la mera neta no tuvo ni un solo argumento para defender a su pestilente, bueno ex pestilente, porque luego de darse unas terapias con su servidor el Sam no queda de otra O TE VAE EL VEINTE DE QUE MÉXICO REQUIERE EL CAMBIO O TE HACES COMPLICE DE LA ULTRADERECHA CON LA INDIFERENCIA O SOLAPARLES SUS MARRANADAS. Pero es curioso, uno creería "ya nada más somos los 15 millones que votamos por el Peje y los que llenan el Zócalo y ya", nel, ni madres -como se dice en el barrio- estamos sumando gente, bajita la mano, sin mucho ruido PERO HAY GENTE QUE SE CONVENCE MÁS Y MÁS CONFORME PASAN LOS DÍAS Y LA SIGUE CAJETEANDO LA DERECHA, ESTO YA NADIE LO PARA ¡FELIPE ENTIENDE EL PUEBLO NO TE QUIERE!

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