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05 abril 2007

Lo que No Se dijo de la Huelga del SME

(Primera de dos partes)

En México, los de arriba ya no tienen nada qué ocultar, se saben repudiados y desprestigiados entre la gran mayoría de la población. Antes trataban de disfrazar sus saqueos, sus desfalcos, sus corrupciones, pero ahora el descaro los caracteriza, más que cualquier otro adjetivo.

Ya no gobiernan sobre todo con la mentira, sino con la fuerza. Aunque, por supuesto, mienten cada vez que pueden cuando, ante sus políticas de degradación social, tienen que dar una explicación oficial y formal ante la opinión pública , pero ya es de puro trámite. Tan se saben repudiados, que se ven en la necesidad de rodearse de guaruras, policías, militares, marinos, etc., para salir a la calle.

Felipe Calderón, el espurio presidente mexicano, pasó de sus mediáticos actos de campaña llenos de niños bien , donde se mostraba seguro y sonriente, a ser uno de los hombres más repudiados del país, encerrado en oficinas, con actos a puerta cerrada, custodiado. Para dar sólo un ejemplo, el pasado 24 de febrero, día de la bandera, el acto oficial fue con un presidente que salió casi corriendo del Palacio Nacional, rindiendo un homenaje express en la Plaza de la Constitución , de madrugada, para regresar rápidamente a su claustro.

Para anunciar lo que los mexicanos podemos esperar de su gobierno, Calderón elevó el salario de los militares en un 46%, mientras que el de los trabajadores que se parten el lomo en las fábricas, en las oficinas, en las calles, subió tan sólo 3.8%.

Y ya una vez puestas las cartas en la mesa, comenzó el juego: se anunció la privatización del fondo de pensiones de los afiliados al ISSSTE (más de 2 millones de trabajadores, de los cuales al menos 1 millón 200 mil son profesores) con una ley que le entrega el dinero de las pensiones a los banqueros y elimina el derecho a pensión de los trabajadores, quedándose sólo con una cuenta de ahorro personal; después de impuesta la ley del ISSSTE vendría, según Carstens, el Secretario de Hacienda, la Reforma Fiscal , que busca gravar con impuesto los alimentos, medicinas y libros; la privatización del petróleo y electricidad, etc.

Están dispuestos a enfrentarse al descontento popular, que es generalizado, pero tiene una evidente limitante: está desorganizado, sin acción ni dirección. Después del fraude electoral, se sienten envalentonados, cubiertos y protegidos por un mar de impunidad. Creen que los de abajo, el pueblo, por más rabioso y harto que esté de tanta humillación, no logrará evitar su avance. Subestiman los dueños del dinero el poder del pueblo.

En San Salvador Atenco, el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra se sigue fortaleciendo, sanando del brutal golpe recibido hace ya casi un año. Estos campesinos que derrotaron el decreto de Vicente Fox que les arrebataba sus tierras para construir un aeropuerto, se preparan para la jornada a un año de la represión de los 3 y 4 de mayo de 2006. Visitan comunidades, encienden conciencias, convocan a todo el pueblo y a todas sus organizaciones a la gran marcha nacional por la libertad de los presos políticos del 4 de mayo de 2007, que saldrá a las 4 de la tarde del Ángel de la Independencia , para llegar al Zócalo, en la Ciudad de México.

El pueblo de Oaxaca, sigue reponiéndose del asalto a sus tierras por parte de la Policía Federal Preventiva, que mantuvo durante meses un estado de terror y persecución contra los luchadores sociales del estado, que exigen la renuncia de Ulises Ruiz, el gobernador-gorila, pero ya no sólo, sino una vida mejor para todos los oaxaqueños. Una vez más, vemos multitudinarias movilizaciones en las calles de Oaxaca, donde los profesores encabezan, con el puño en alto, al grito de ¡ni un paso atrás!

Y en medio de este enorme esfuerzo popular, para hacer frente a los atropellos del gobierno, con resistencias aisladas en todos los rincones del país, están los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), que en días pasados le dieron a Calderón su primer gran susto, en lo que lleva de su gestión.

El 19 de enero el sindicato emplazó a huelga con la exigencia de un aumento salarial de 19%. Pero esta pelea por aumento salarial, fue en realidad mucho más que eso.

Desde 1999, cuando el gobierno federal arreció sus intentos por privatizar la industria eléctrica mexicana, el SME está en las calles. Al calor de la lucha, se han formado muchos activistas, muchos trabajadores que han madurado políticamente, combatiendo no sólo al presidente de la república, sino a todo el aparato de estado, a los medios de comunicación que los llama “privilegiados” por conservar gracias a la lucha diversos derechos laborales, a la empresa, Luz y Fuerza del Centro (LyFC), e incluso a los charros sindicales, los líderes entreguistas y vendidos que desde dentro de la estructura del sindicato, golpean a los trabajadores y atentan contra sus derechos.

A todos ellos, los trabajadores electricistas han hecho frente, teniendo grandes logros en estos últimos años de intensa pelea. Gracias a su tenacidad, el gobierno no ha podido darle a las trasnacionales la electricidad de los mexicanos, el gobierno se han conformado con darles concesiones y permisos, que indirectamente le otorgan algunos espacios a estas empresas de rapiña dentro de la industria eléctrica nacional, situación duramente cuestionada por la base obrera del SME, que también tiene en la mira esos permisos y concesiones.

Hace más de un año, en el estado de Coahuila, murieron 60 mineros aplastados, al caerles toneladas de tierra encima. Con ese suceso explotó mucho más que la mina Pasta de Conchos, explotó la indignación de los trabajadores que en México no tienen seguridad laboral alguna, ni prestaciones sociales, ni salario digno. Los mineros que murieron vivían y laboraban en condiciones deplorables, varios de ellos no estaban asegurados, y los que sí estaban registrados en el Seguro Social, el patrón pagaba cuotas menores a lo que estaba obligado; a pesar de las diversas advertencias de falta de seguridad hechas por los trabajadores antes de la explosión, los dueños del Grupo México hicieron caso omiso.

La mirada atenta a Pasta de Conchos de los trabajadores mexicanos, tenía especial énfasis en los electricistas del SME, quienes se llenaron de furia ante lo que catalogaron como un crimen más del capital sobre los trabajadores. Dicen los del gobierno y los de la empresa que eso fue un “accidente”, en cambio en el mundo del trabajo, y en particular para los electricistas lo ocurrido no fue más que una “criminal negligencia”.

Vino la elección de 2006, y en la silla presidencial se sentó, por la fuerza más no por haber ganado en las urnas, un hombre por el que la gran mayoría de los miembros del SME no votaron: Felipe Calderón, viejo conocido de los trabajadores electricistas, pues en tiempos del gobierno de Vicente Fox se desempeñó como Secretario de Energía, y desde ahí atacó rabiosamente a los miembros del SME, pretendiendo privatizar la electricidad. Desde entonces en Luz y Fuerza del Centro, los trabajadores ven en Calderón a uno de sus principales enemigos, y ahora como presidente de la república, el enfrentamiento se hace más directo.

Todos estos hechos y el enfrentamiento cotidiano con el gobierno y la empresa, hicieron madurar políticamente a la base electricista. En este contexto es que llegó la revisión salarial de 2007.

Casi dos meses el gobierno se hizo de ojos cerrados ante el emplazamiento a huelga del sindicato. Dos meses en que los trabajadores tejieron el objetivo de “romper el tope salarial” que los neoliberales impusieron a la clase obrera del país, un tope que impedía que los salarios subieran por encima del 3.5 o 4%, aun cuando los alimentos o el transporte subiera mucho más que eso. Dos meses de mítines de información, de prepararse para una revisión dura, con un gobierno que viene a arrebatarnos todo lo que nos queda. “Si a los militares se les dio un aumento del 46%, ¿por qué a nosotros no nos van a dar uno de más de 4%?”, corrió por las estaciones, subestaciones, locales y agencias de LyFC. Pero más que dinero, se trataba de la oportunidad de los trabajadores para hacerse respetar frente a este voraz gobierno.

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