Por Encendiendo Conciencias
Llegó el 15 de marzo, faltaban escasas horas para que se venciera el plazo para estallar la huelga. En todo LyFC ya se preparaban las condiciones para hacerlo realidad. A las 12 del día llegó la primera oferta del gobierno. Más de mil trabajadores llegaron en marcha, combativos, gritando consignas al auditorio de local central del SME, ahí llegó la representación de la empresa, a decir “la oferta es 3.6% de aumento al salario y es nuestro máximo esfuerzo”. De inmediato la base obrera se levantó en rabia y gritó al unísono “¡huelga, huelga, huelga...!”. Frente a la indignación unánime, el comité ejecutivo del sindicato respondió “lo vamos a llevar a asamblea, pero de antemano les decimos que lo vamos a rechazar...”.
La información se esparció en toda la empresa, se sentía el descontento en la inmensa mayoría de la base trabajadora. La huelga se percibía más y más en el ambiente. En la asamblea sindical todos y cada uno de los oradores repudiaron la “burla” que significaba esta raquítica oferta de aumento salarial.
A las 8:30 pm llegó la segunda oferta. “3.7% más 1% de aumento en despensa, y esta es nuestra última oferta”. Los electricistas mantuvieron firmeza frente a esta nueva bicoca, y obligaron a la empresa a dar más, si quería evitar la huelga.
Durante años la palabra “huelga” fue satanizada. El gobierno y sus medios de comunicación se encargaron de hacer de ella sinónimo de “rechazo al trabajo”. “Falta empleo, no hay tantas oportunidades y estos huevones las desprecian con sus huelgas... más huelgas será igual a más parálisis del aparato productivo del país y esto conllevará a una caída en la generación de empleos” decían los intelectuales del sistema. Con esa cargada lograron que las huelgas generaran terror, pero no a los patrones ni al gobierno, sino a los trabajadores. Esto se comienza a remontar. Entre otros logros de los electricistas está el desprenderse, poco a poco, de este miedo, y tener la convicción de llegar hasta las últimas consecuencias en la defensa de sus derechos y los de todo el pueblo, y si para eso hay que hacer una huelga, pues que así sea.
A las 11 de la noche, llegó una oferta más del gobierno “4% más 1% en despensa y 100 millones de pesos para revisión de convenios departamentales”, y desde la Secretaría de Energía del gobierno federal se dijo que “ya no hay más”. Este nuevo ofrecimiento generó rechazo en la mayor parte del gremio, sólo una pequeña minoría se vio seducida por esos 100 millones para revisión de convenios, lo que quiere decir que trabajadores que están laborando desde hace años con un convenio determinado, podrían ver aumentado fuertemente su salario si se revisa dicho convenio y se determina que ahora su trabajo vale más (por que ahora se requiere para hacerlo más capacitación, o destrezas adicionales, etc.) Sin embargo, después de una seria discusión, nuevamente se rechazó en conjunto la oferta.
Los trabajadores decían “no estamos definiendo aquí sólo nuestro salario, sino la correlación de fuerzas en la que quedamos frente al gobierno para la pelea fundamental, que será la revisión de nuestro contrato colectivo en diciembre, donde pretenderán arrebatarnos nuestro derecho a pensión”. Y esto no eran especulaciones. Desde hace algunos años, los neoliberales en el gobierno han emprendido un gigantesco operativo mediático, policiaco y político para arrebatarle a los actuales y futuros trabajadores mexicanos, su derecho a pensión, obligándolos a trabajar más años para jubilarse, entregándole los fondos de pensión a los banqueros y eliminando el derecho a pensión, dejándolo en una cuenta de ahorro por trabajador, de la cual el banco se queda con una comisión de aproximadamente el 25% de lo ahorrado. Esta reforma general, ha sido impuesta en parte para los trabajadores de empresas privadas que cotizan al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), para los propios trabajadores del IMSS, y ahora la cacería está sobre los más de 2 millones de trabajadores afiliados al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTE)
Teniendo esa amenaza en las narices, los trabajadores agrupados en el SME decidieron sostenerse y rechazar la “última oferta”.
De ahí en adelante comenzaron a llegar informes al local sindical, hecho un hormiguero de activistas que organizaban ya el inminente entallamiento del movimiento de huelga. Los informes decían que los militares, policías federales y esquiroles estaban llegando ya a distintos centro de trabajo de LyFC. A la 1:30 de la madrugada se tuvo la noticia de que los militares habían entrado a dos de las subestaciones más grandes de la empresa, Lechería y Necaxa, donde los trabajadores resistieron y en el primer caso, se enfrentaron a golpes con los soldados. El gobierno echó a andar un operativo para requisar una huelga que aun no iniciaba.
Llegó una llamada telefónica al auditorio, era proveniente de la subestación de Los Remedios. El mensaje se pudo escuchar por muchos compañeros, y se esparció rápidamente entre los trabajadores: “somos trabajadores de Los Remedios, estamos preparando la resistencia contra la entrada de los militares, somos como 50 y ya nos están rodeando, estamos manteniendo una cadena humana en la entrada...”. De inmediato, más de 200 trabajadores se anotaron para ir a apoyar la resistencia de Los Remedios. Un trabajador llegó con un trailer de la empresa y en la caja, en vez de postes y cables, se llenó de obreros en lucha, que a las dos de la madrugada se dirigían a defender la subestación de la ocupación militar, para defender su empresa y sus derechos. Hace 20 años, en 1987, el SME hizo su última huelga, requisada de inmediato por el gobierno, entonces los soldados entraron a las subestaciones, pero esta vez, en el caso de Los Remedios, la resistencia obrera impidió el allanamiento.
El sentimiento de repudio al gobierno comenzó a generalizarse aun más. “Ellos tienen al ejército, nosotros tenemos al pueblo... no dudemos compañeros, generaciones pasadas lucharon por lo que ahora tenemos, nos toca pelear por las generaciones futuras, ¡vamos con todo!”, se discutía en el auditorio.
A las 5 de la mañana se da una nueva votación, y nuevamente se rechaza la oferta y se establece que ya no se buscará más a la empresa, “si quieren evitar la huelga, que vengan ellos a buscarnos”. El emplazamiento era para las 12 horas del viernes 16 de marzo, y para dar muestra de que iba en serio, se acordó cerrar las Agencias y las Sucursales a las 10 am, preparándose para poner las banderas de huelga a las 12 en punto, para decir “va, ¡la huelga va!”.
Se tienen informes de prensa de que la Secretaría de Energía no se esperaba esta respuesta unánime de los trabajadores del SME, y en la madrugada se convocó a una reunión urgente con el presidente Calderón, la Secretaría de Comunicaciones, la de Energía, la Secretaría de la Defensa Nacional y otras. Ahí Calderón dio la orden de “no romper el tope salarial”, mejor “denles más en prestaciones, pero que no se rompa el tope”.
Después de las 10 de la mañana, con una tenaz resistencia en distintos centros laborales de LyFC frente al intento de los militares por tomarlos antes de que estallara la huelga, y ya con estudiantes universitarios, trabajadores de otros sectores, profesores de la CNTE y organizaciones populares solidarias alertas, dando apoyo ante la posible agresión del gobierno contra los electricistas, se anunció que habría un aviso importante en el auditorio. Se trataba de una nueva oferta: 4.25% de aumento directo al salario, 2% en transporte, 3% en despensa, 200 millones de pesos para revisión de convenios departamentales, 300 millones de pesos más para el programa de vivienda y 30 millones de pesos para gastos de contratación.
Algunos invitados, de otras organizaciones, hacían cuentas ante el anuncio, pero el sentir de los trabajadores electricistas fue inmediato: “¡sí se pudo!, ¡rompimos el tope salarial!”. Aplausos, abrazos, y consignas de victoria y repudio al gobierno se oyeron en todos y cada uno de los centros laborales de LyFC. “¿No que era su ‘último esfuerzo'?”, se burlaban.
En pesos y centavos, el aumento representa bastante menos de lo que el salario ha perdido en poder adquisitivo en el periodo neoliberal, pero esta es sobre todo una victoria política . Los trabajadores del SME salieron victoriosos, quienes tuvieron que doblar las manos fueron los de arriba, y en el mensaje dado en conferencia de prensa, la idea central vertida era “esto es un llamado a todos los trabajadores del país, unidos y organizados sí se puede, sí se les puede derrotar”.
Ahora, diputados y senadores, gobernantes, la radio, televisión, periódicos, le quitan su derecho pensión a los afiliados al ISSSTE. Ya antes pasaron los afiliados al IMSS, luego sus trabajadores, y en la sala de espera están los trabajadores del SME, oyendo como a sus compañeros de clase les destazan sus derechos... y su mensaje de los electricistas para sus hermanos de clase es claro: si vamos uno por uno seremos derrotados, pero si vamos todos juntos ganaremos, como ganamos en la pasada revisión salarial en LyFC.
Y esta victoria, más que de los electricistas, es de todo el pueblo, en su batalla contar la cerrazón y la desesperanza. Sí se puede compañeros, ¡sí se puede!
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