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06 junio 2007

Las acciones como método de enseñanza

Es necesario darse cuenta de que hablando no se puede enseñar nada de valor

Neill

Los seres humanos no dejamos jamás de aprender. Y cuando hablo del aprendizaje no hago solamente referencia al que se lleva acabo en una aula o en un salón, pues en ocasiones las lecciones que los escolares aprenden entre sí en los patios de los colegios les son cien veces más útiles que todas las que se enseñan en la clase (Citado por: Rousseau en La cuestión escolar Críticas y alternativas). Es necesario no solo analizar detenidamente el tipo de educación que se imparte en alguna institución o en el hogar; sino tomar en cuenta aquel medio por el cual el aprendiz está recibiendo ésta.

Los actos de un individuo pueden influir en las acciones de otros. Pareciera increíble, pero el tiempo en que fui maestra de niños de edad de 3 y 4 años éstos me imitaban hasta en la forma de caminar, me observaban con diligencia y muchos de ellos sino es que todos me consideraban como un modelo a imitar. La responsabilidad que tenía sobrepasaba lo que un día me pude haber imaginado, pues tenía que cuidar mi forma de hablar y mis repuestas ante situaciones difíciles o buenas. Y me da hasta cierto grado risa, porque cuando creía que ninguno de ellos me veía, resultaba con que pese al tumulto de gente el pequeño se percataba que su maestra estaba allí. Que experiencia tan más inolvidable y sinceramente retadora.

Ahora que tengo oportunidad de saber de ellos, me da mucho gusto que una buena parte de niños, ahora adolescentes o jóvenes tienen a su cargo un grupo de 15 ó 20 niños que al igual que ellos tienen ideales y sueños, y un deseo ardiente de que su maestro o padres sea un buen y digno modelo a imitar.

El problema actual de la educación mexicana sobrepasa a un sistema, a un programa o al desarrollo del maestro en un aula o salón de clases. De qué valdría la pena los numerosos títulos con nombres excelentes de universidades en la pared si el profesor en la vida práctica no aplica el conocimiento, no tiene valores, no presenta ética ni respeto a los alumnos y por consecuente ni a él mismo. De qué serviría que su vocabulario sea perfecto en la hora y media de clase, pero que al terminar de cruzar la puerta se dirija a sus compañeros con palabras vulgares.

Observemos tan solo el comportamiento de los niños actualmente, que si bien carecemos de valores es porque lamentablemente no poseemos en el salón de clases un prototipo que nos induzca a practicarlos. Por lo tanto, clases o sermones de moral resultan vanas, pues como bien hace referencia Neill hablando no se enseña nada de valor.

Por otro lado, no descuidemos “la gran escuela” que se refiere al hogar. Analicemos que es lo que le estamos enseñando a nuestros hijos, y sí esta enseñanza consiste en más palabras, pero nada de acción.

Finalmente, mostremos mayor preocupación en lo que a nuestros niños les heredaremos, y preguntémonos si esta herencia consiste en cosas materiales o en aquello que a simple vista no se ve, pero que tiene una gran trascendencia. Enseñemos que una acción habla más que cientos de palabras y hagamos un cambio en la forma de educación, empezando claro está, desde nuestro hogar.

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