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16 agosto 2007

La telenovela de Díaz Ordaz

Don Emilio Azcárraga Vidaurreta, destocado por respeto y no por sumisión, encontró de pie a don Gustavo Díaz Ordaz y su saludo se escuchó apenas, ahogado en los pregones que penetraban al despacho presidencial por los balcones de Corregidora.

Don Gustavo habló recio: “Yo siempre creí que usted era un buen mexicano, don Emilio”. “Era y soy un buen mexicano, señor presidente”. Azcárraga Vidaurreta empezaba a captar el estilo amargo de Díaz Ordaz, cuya primera muestra recibieron ahí mismo, días antes, varios médicos llevados a su presencia por haberse manifestado frente a la Puerta de Honor, todos de blanco vestidos, en apoyo de alguna petición.

Don Emilio supo por qué había sido “invitado”: “Está usted transmitiendo por el canal 2 un programa que denigra, injuria y ofende a Benito Juárez, el mayor héroe de los mexicanos”. La causa del disgusto del presidente era una serie llamada Maximiliano y Carlota y la sorpresa de don Emilio fue del tamaño del enfado de don Gustavo.

Modos aparte, no le faltaba razón a Díaz Ordaz. La serie seguía una fórmula establecida por el cine mexicano, capaz de convertir en héroes de una leyenda romántica a los protagonistas de una tragedia para los mexicanos y finalmente para ellos. En la televisión Carlota y Maximiliano eran dos amantes inmaculados, altos, blancos, esbeltos, guapos, ojos claros, ella con su cabello azabache, él con su barba dorada y uniforme a medida; ella, el vestido largo y ampón de la más rancia nobleza europea. No agredían a un Estado soberano, solamente venían a bailar un vals vienés, aceptando la invitación de la junta de notables cuyo deseo era salvar a México de los mexicanos.

Frente a las buenas intenciones y la bondad de Maximiliano y Carlota y de los que fueron por ellos, contrastaba un indio zapoteca, feo, pobre, prieto, impasible y empeñado en quebrantar las tradiciones más queridas del pueblo. “Esa es la historieta de su novela, don Emilio, y a Juárez lo ponen como villano, el malo, el culpable de todas las desgracias de un país miserable. Eso no puede ser. Termine usted con ello, don Emilio”.

Llegó el señor Azcárraga Vidaurreta a su oficina del quinto piso en Chapultepec 18 y llamó a Miguel Alemán Velasco, encargado de algunos aspectos de la programación. Esa noche Maximiliano fue fusilado y a la semana siguiente Benito Juárez subía al carruaje que durante algunos meses lo llevaría por televisión a restaurar su imagen lastimada.

Alemán Velasco encargó al productor de la difunta Carlota y Maximiliano la nueva serie que sería la primera en el mundo en la clasificación de telenovela histórica. El productor de ambas se llamaba Ernesto Alonso.

Ernesto Alonso produjo algunas de las telenovelas de mayor auditorio transmitidas en México, pero fue pionero en el uso de la telenovela con fines de divulgación histórica para las grandes masas. Miguel Alemán se convirtió en impulsor permanente del género que Ernesto Alonso inició con talento y oficio. Rescató a Benito Juárez del descrédito a que lo había llevado en su novela anterior para divulgar la verdad sobre la vida del oaxaqueño, su lucha contra el falso imperio y las razones jurídicas en que fundaron los jueces mexicanos la sentencia de muerte de Maximiliano, Miramón y Mejía.

Lo inesperado fue que la modalidad encajó en el gusto del público y la novedosa mezcla de espectáculo y diversión con mensaje cultural tuvo más auditorio que todo lo anterior. Vinieron otras telenovelas basadas en nuestra historia, cada vez con mayor puntuación en las mediciones de audiencia de los programas de televisión. Así se produjeron La tormenta, Los caudillos y El carruaje. En 1969 se llevó a las pantallas como serie dramática popular La Constitución, con episodios para cada uno de sus artículos, lo cual suena casi como si se hiciera una obra dramática con los listados del directorio telefónico.

Los magníficos resultados obtenidos en la República Mexicana abrieron las puertas del mundo a este producto: fue exportado a todos los continentes, a centenares de países donde la repercusión fue tan buena o mejor. Numerosas compañías productoras aprovecharon la idea y realizaron series parecidas. Mientras tanto se produjeron y exhibieron Leyendas de México con acontecimientos reales o imaginados, conocidos o ignorados del virreinato. Luego Senda de gloria, El vuelo del águila y La antorcha encendida.

Jacobo Zabludovsky | El Universal | agosto 2007

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En los próximos días, a querer o no, los emplazados por la viuda de Emilio Azcárraga Milmo El Tigre, Paula Cusi [bautizada Encarnación Presa Matute], deberán responder judicialmente a los reclamos de ésta en materia de sucesión.

La última esposa del magnate fallecido hace 10 años, como usted sabe, alega el incumplimiento de la voluntad testamentaria de éste, quien le legó 16% de su fortuna.

Ante la negativa de los demandados de recibir la notificación correspondiente, el juez de la causa ordenó que ésta se planteara vía un edicto público, publicado el cual están corriendo 40 días para presentar sus alegatos.

Entre los demandados están prácticamente todos los integrantes de la familia Azcárraga, incluido el actual presidente de Televisa, Emilio Azcárraga Jean, sus hermanas, sus primos, sus tíos… además de todos los nuevos socios de la televisora.

EMPRESA | Alberto Barranco | El Norte | 15 agosto 2007

[foto: Nadine Jean y Emilio III]

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