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11 abril 2007

Carlos Fuentealba:Una vida más inmolada por la barbarie derechista I

Por Raúl Isman.
Docente. Escritor.
Miembro del Consejo Editorial.
de las Revistas Desafíos y 2010.
Director de la revista
Electrónica Redacción popular.
raulisman@yahoo.com.ar
www.geocities.com/raulisman
http://raulisman.blog.terra.com

Este gobierno pone primero el derecho a la vida, más allá de cualquier discusión, porque cualquiera que fuera el reclamo
se resuelve hablando, y no con un escopetazo en la cabeza.

Aníbal Fernández. Ministro del Interior.

La escena es parte necesaria e inseparable de la geografía social en un país atravesado aún por injusticias e inequidades indignantes: seres humanos- no importa si docentes, desocupados, ahorristas estafados, consorcistas por mejores servicios, asambleístas por un medio ambiente mejor o lo que fuere- cortaban una ruta en Neuquén. En el caso que nos ocupa, se trataba de trabajadores de la educación en conflicto contra la gobernación, ejercida por el derechista Jorge Omar Sobisch, también candidato al ejecutivo nacional. La interrupción del tránsito no sólo es un modo de protestar absolutamente legítimo; cuyo uso sólo debe ser moderado por necesidades de conveniencia y oportunidad: es decir, si sirve o no a le necesidad de sumar la mayor fuerza social posible en pos del triunfo del movimiento reivindicativo en cuestión. Además, es el único modo que tienen muy a menudo los que reclaman para lograr visibilidad.

En el presente artículo se realizará una interpretación política de los sucesos. Los hechos son por demás conocidos. Ayer, jueves 5 de abril, un efectivo policial neuquino disparo vilmente y a quemarropa- desde aproximadamente un metro- contra el docente citado en el titulo del presente artículo (40 años, casado, dos hijas pequeñas) que falleció horas después, luego de agonizar en coma. La escena mostró amplificadamente el futuro que le depara al pueblo si la derecha llegase a reasumir el gobierno nacional o ganase el ejecutivo de la ciudad de Buenos Aires: es decir, represión como respuesta única a los reclamos populares. No sólo lo ocurrido ayer representa una opción política frente al tratamiento del conflicto social; que resalta aún más las diferencias con cuatro años de gestión nacional, en los que no se ha contabilizado ni un solo muerto en protestas sociales. Tal realidad irrefutable molesta sobremanera a nuestros reaccionarios. También perturba sobremanera a una izquierda adolescente, que ha extraviado la razón (si es que alguna vez la tuvo) y se pelea por culpar al presidente. Con izquierdistas así ¿Quién necesita a la derecha?

Lo cierto es que lo ocurrido pone a prueba también la liviandad con que grandes franjas de la sociedad civil pretenden que sean tratadas las protestas, en especial cuando los cortes son protagonizados por desocupados o trabajadores más pobres. Asoma así el torvo racismo de amplios sectores de nuestras clases medias, que tolera a los asambleístas de Gualeguaychú (de clase media y piel mayoritariamente pálida), pero frente a otros conflictos exige que se los pase por encima. Literalmente, no fue un uso metafórico de la expresión.

Puestos en la opción entre la vida de las personas y el libre paso por puentes, rutas, caminos, calles y avenidas, la resolución del dilema marco aguas entre los dos proyectos que se enfrentarán en las elecciones de octubre.

continuará...

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