ÍNDICE POLÍTICO, FRANCISCO RODRÍGUEZ
APENAS EL PRIMER día de febrero leyó usted aquí que estaba por iniciar la avanzada ideológica y periodística para igualar al narco con la guerrilla. Ya inició. La muestra apareció publicada ayer en el espacio periodístico de mi amigo y compañero de micrófonos Ricardo Alemán ("Guerrero: ¿quién fue?") en la que se apunta, en torno al asesinato del periodista acapulqueño Amado Ramírez, la presunta participación de unas desconocidas Brigadas de Insurgencia Revolucionaria y que el periodista habría recibido un correo electrónico fechado el 8 de abril.
Consultado al respecto, Jorge Lofredo, cofundador del Centro de Documentación de los Movimientos Armados, muestra su sorpresa y expresa:
"De manera extraña e inusual, por resultar ésta la primera comunicación del presunto grupo, en la columna de opinión se admite ‘un grave error por la ejecución equivocada del periodista’. De resultar verídico el mensaje, las Brigadas nacen sumamente desprestigiadas políticamente y cargarán con ese estigma frente a la sociedad guerrerense.
"Si continuamos en la línea de considerar real a esta sigla y se le concediera un contenido insurgente y revolucionario, que se da a conocer ahora públicamente, resalta de inmediato el argumento de que los grupos guerrilleros actuarían al servicio del narcotráfico, fundamentalmente en Guerrero.
"Cabe recordar además que también se involucró a grupos guerrilleros en el asesinato del legislador panista José Jorge Bajos Valverde y el ataque a policías en Acapulco. Todo ello en el contexto de declaraciones contradictorias entre el gobernador de la entidad, Zeferino Torreblanca, que sí admitió que los alcances de los operativos incluyen a los grupos guerrilleros, y su desmentida por parte del secretario de la Defensa Militar, general Galván Galván, reflejado en este Índice Político del 21 de enero de 2007.
"Ahora bien ¿estos argumentos forman parte de una avanzada periodística para desviar el eje de la discusión de fondo acerca de la efectividad de los operativos en Guerrero? Las ejecuciones no se detienen y cada uno lleva una marca indeleble: asesinatos a mansalva, cuerpos mutilados y mensajes claramente mafiosos no forman parte del modus operandi de la guerrilla mexicana contemporánea.
"Poco es lo que tienen para ofrecer al narco. Lo ideológico está fuera de toda discusión en este caso (no es un marco de referencia necesario para la delincuencia y el crimen organizado) y los medios logísticos y de ‘mano de obra’ son bastante más escaso que el de las bandas. Entonces ¿a quién le interesa involucrar a la guerrilla con estos grupos organizados? Narco-guerrilla refiere a una alianza estratégica y táctica por un equilibrio de poderes entre ambos", lo cual es del todo imposible.
"Criminalizar" a las guerrillas es vaciarlas de toda la vertiente política que expresan. Inutilizarlas, pues.
Por tal, las versiones que ligan a ambas instancias son mentirosas, cuando no interesadas.
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