Mucho me había recomendado un amigo que viera esta película, es quizá hasta ahorita que estoy de vacaciones que me siento en la comodidad de mi sillón para verla. Sinceramente recomiendo que si pueden conseguir está película la vean, pues no es más que una muestra de que el ser humano siempre buscará sobrevivir, pero además, muestra cuales son los métodos para lograrlo.
Por: Adrián Ruiz de Chávez
El filósofo José Antonio Marina, siguiendo a Martín Heidegger, introduce su ensayo “Ética para náufragos” con la siguiente expresión: “Todos somos náufragos: arrojados a la vida en una balsa y tarde o temprano somos conscientes de que llevamos el control de los remos”.
Ésta es la situación que nos presenta la película (y la novela de Sir William Golding): ¿Cómo debemos actuar en un mundo en el que somos absolutamente libres? Eso es lo que descubren los muchachos y niños que sobreviven al naufragio. No hay adultos, no hay sociedad preestablecida que condicione su conducta, su mundo será lo que ellos quieran hacer de él; lo que ellos quieran que sea.
La libertad radical implica que podemos hacer lo que se nos pegue la gana. En realidad, así estamos en el mundo: tal es la situación natural del hombre. No es necesario llegar a una isla desierta para experimentar esa libertad. De hecho, uno de los argumentos más claros y contundentes del concepto de dignidad de la Persona Humana es precisamente ése: Cada ser humano es, absolutamente, señor de sí mismo; dueño de sí, de sus actos. Jean Paul Sartre, filósofo existencialista que llegó a ser muy popular en las décadas de los 50`s y 60`s decía que “estamos condenados a ser libres”. Nuestra vida es una elección constante. Incluso no elegir es ya elegir (elegir nada o elegir no).
De modo que la libertad radical de la persona humana debe quedar fuera de discusión: Puedo elegir, si quiero, lanzarme desde una azotea, regalar todos mis bienes a los pobres o vivir tan “intensamente” como Jim Morrison y morir a los 27 años por tantos excesos y aventuras.
El problema central de la ética es: ¿Qué hago con mi libertad? Si soy absolutamente libre, ¿qué me conviene hacer? Viene al cuanto una expresión genial de Saulo de Tarso: “Todo te es permitido, pero no todo te edifica”.
Responder esta cuestión implica, necesariamente, reconocer que el ser humano tiene diversos condicionamientos que no son opcionales, que están, por así decirlo, inscritos en nuestra propia naturaleza, por ejemplo: Tengo que alimentarme y no de cualquier cosa, sino de aquello que me permita una vida sana y suficientemente larga (comer una lechuga y agua me hará anoréxico y moriré pronto; el exceso de grasas me acabará de un infarto; el pez Globo no puede comerse salvo si se prepara de una forma muy especial porque puede ser venenoso); tengo que trabajar; luchar por la vida, no puedo no alimentarme, no guarecerme del frío, no tener una serie de bienes materiales que harán mi vida mejor. Por otro lado, me doy cuenta que no puedo vivir aislado, que el hombre es verdaderamente un ser social: Necesito de los otros para vivir bien (porque no se trata sólo de vivir sino de vivir bien). Consecuentemente, habrá que preguntarse sobre cómo es mejor la convivencia con los otros a quienes necesito, pero que a su vez ellos me necesitan a mí. Necesito abrirme a los otros y cooperar con ellos, pese a todo: Pese a nuestras diferencias, eventual falta de empatía, distintas percepciones del mundo o hasta jerarquía de preferencias personales.
Se va viendo que ante la libertad absoluta que tenemos, hay relaciones causales no opcionales que orientan nuestra libertad. Hay cosas que por naturaleza no puedo hacer. Hay otras que en aras de una mejor convivencia, tampoco. Y viceversa: Hay cosas que por naturaleza o por convivencia de vida social debo hacer, me guste o no. Esos deberes no opcionales, me señalan un camino para vivir mi libertad correctamente: Es decir, para mi propio bien real.
Por otro lado, todo acto humano libre tiene consecuencias que debo asumir: Puedo alimentarme de agua y lechuga para sentirme modelo de Vogue, pero deberé de afrontar los problemas de salud consecuentes; o bien puedo insultar a mi jefe por “x” o “y” razones, pero deberé asumir la eventualidad de perder mi empleo. Por esto es que no se puede hablar de libertad sin responsabilidad y que el reto principal de ser humano es educar nuestra inteligencia para dirigir correctamente nuestra libertad: Hacer verdaderamente lo que más conviene a nuestro pleno desarrollo.
De ahí que se diga, una y otra vez, que la ética se funda en la naturaleza humana (y eventualmente en el Creador de esa naturaleza que es Dios). No puede entonces fundarse ni en un credo religioso particular, ni en las costumbres sociales, ni en la ley positiva del estado, ni en otros sistemas de autoridad específico. Incluso más: Si se quiere que una institución religiosa (o credo), el orden social, el estado de derecho o cualquier ejercicio de autoridad sirvan verdaderamente a la persona humana, es necesario que todo ello se fundamente en la propia naturaleza de la persona y, por ende, en una ética de corte naturalista. Todo lo que gire en torno al hombre, debe ser para el bien del hombre, para conducirlo en su fin último, que es la felicidad o la plenitud de su desarrollo.
Algunos puntos a destacar en la película El Señor de las Moscas:
1. Primera asamblea y elección del jefe. Necesidad de poner reglas, de organizar la convivencia social; de nombrar una autoridad y trabajar de modo coordinado en pos del fin común de todos los miembros de la comunidad. Llama la atención que la elección cae en Ralph: La predilección por el mayor. Se considera que tiene más experiencia, parece ser una persona más accesible.
2. Encontramos desde el principio dos actitudes hacia el poder. Servir vs Dominar, la primera encarnada por Ralph, la segunda por Jack. Servir implica dirigir, mandar, tener la facultad de ejercer el poder social en función del bien común, el del grupo. Dominar, en cambio, implica usar el poder en beneficio privado: el bien particular del que manda. En este caso tenemos el nacimiento de una tiranía. Nótese un principio básico de filosofía política: Si la autoridad no sirve el bien común se convierte en tiranía y aparece el mal en el orden social.
3. Se aprecia también la necesidad de la civilización. Frente al “estado de naturaleza” la vida civilizada es mucho mejor, aunque implica someterse a ciertas reglas, ordenar la libertad personal dentro de ciertos límites, considerar en todo momento el derecho absoluto de toda persona a ser respetado y valorado justamente. En el “estado de naturaleza” los hombres no sobrevivimos. Así entiende Aristóteles a la polis: Una comunidad para el bienestar. Las exigencias de la vida en ciudad (en la civilización) se pagan con creces en términos de bienestar para los ciudadanos: seguridad, progreso material, estado de derecho, igualdad jurídica ante la ley, condiciones mínimas para que pueda florecer la amistad y la vida familiar.
4. Aparece también la necesidad del Estado como la organización de la sociedad que permite ejercer legítimamente la violencia para garantizar el bien común: A Jack se le debía meter a prisión.
5. También se aprecia la necesidad de eficacia de un líder. Jack en principio crece porque los demás no ven en Ralph a un líder eficaz: Es Jack el que mata al “puerco”, el que explora la isla, etc. Quizá Ralph también lo hubiera hecho pero necesitaba más tiempo. (También se aprecia como la democracia que mira al bien común es menos eficiente que la dictadura: Ya lo decía Winston Churchill: “La democracia es la peor forma de gobierno con la excepción de todas las demás”).
6. Preguntémonos, ¿en qué pandilla nos gustaría vivir (con los fuertes o en el “kinder”)? ¿Cuál orden social puede ser mejor a largo plazo? Pensemos en el cuestionamiento que hace Piggy antes de su muerte: ¿Qué va a pasar si tenemos que vivir aquí por mucho tiempo? ¿Dónde es mejor vivir, entre la gente decente o rodeado de gandayas? ¿Entre gente íntegra que conoce, valora y vive las virtudes morales o quien las viola a su antojo?
7. Esta pregunta se relaciona con un planteamiento que hace el filósofo norteamericano John Rawls: Se nos pide que diseñemos el mundo en el que vamos a nacer pero con la condición de que no sabemos no cómo ni dónde (en qué condiciones socio- económica, de qué raza, con qué atributos físicos, etc.) ¿Cómo lo diseñaríamos a fin de no salir perjudicados e incluso lo contrario: de modo que maximicemos nuestro bienestar?
8. Otra cosa que se ve muy claramente en la película es que la libertad humana estará restringida por la propia naturaleza de la persona. En el mundo natural no podemos comer todo ni hacer lo que queramos: hay plantas venenosas, necesitamos dominar el fuego, crear técnica, solidarizarnos (trabajar en equipo).
9. Por otro lado, fijémonos en el papel que juega la esperanza para plantearnos nuestro horizonte de vida. Si el mundo se va a acabar y no hay remedio ni más allá, reventémonos, dejemos que salga y viva la fiera que hay al interior de nosotros mismos. Si por el contrario, se vislumbran condiciones para la posibilidad de que el mundo sea mejor, para nosotros y para nuestros hijos, entonces esforcémonos para que ese mundo así sea.
10. Interesante también es apreciar al mal en el corazón humano. En nada el hombre es primitivo. Todo él está transido de razón, y hasta el actuar como bestia es racional y el mal que puede hacer alcanza proporciones que no alcanzan las bestias actuando por instinto.
11. ¿Por qué se pierde la racionalidad? ¿Cuál es el costo? ¿Cuándo se pierde moralmente la pandilla de Jack? No es un instante. Es poco a poco. La conciencia moral se va relajando. Empieza por matar a la mascota de Simón y termina por asesinar a casi todos. ¿Qué causa esto? La pérdida del horizonte de vida; la falta de experiencia, una inteligencia no educada; la cobardía; el afán de disfrute inmediato sin cálculo de las consecuencias; falta también de sensibilidad hacía sus compañeros: no se aprecia que lo que les ocurre a los otros me puede ocurrir a mí también. No se percibe que el bien común es también el mío propio.
12. Sin racionalidad no hay ética. Sin racionalidad no hay vida buena. Por eso hay quienes dicen que el primer deber moral del hombre es pensar correctamente: educar la inteligencia. Así se llega a ser sabio (que es distinto de ser erudito). El mal a menudo aparece por no pensar, por actuar con estupidez.
13. De los dos líderes, ¿quién entiende mejor el valor de la persona humana? ¿Quién te gustaría que fuera tu líder?
Por: Adrián Ruiz de Chávez
El filósofo José Antonio Marina, siguiendo a Martín Heidegger, introduce su ensayo “Ética para náufragos” con la siguiente expresión: “Todos somos náufragos: arrojados a la vida en una balsa y tarde o temprano somos conscientes de que llevamos el control de los remos”.
Ésta es la situación que nos presenta la película (y la novela de Sir William Golding): ¿Cómo debemos actuar en un mundo en el que somos absolutamente libres? Eso es lo que descubren los muchachos y niños que sobreviven al naufragio. No hay adultos, no hay sociedad preestablecida que condicione su conducta, su mundo será lo que ellos quieran hacer de él; lo que ellos quieran que sea.
La libertad radical implica que podemos hacer lo que se nos pegue la gana. En realidad, así estamos en el mundo: tal es la situación natural del hombre. No es necesario llegar a una isla desierta para experimentar esa libertad. De hecho, uno de los argumentos más claros y contundentes del concepto de dignidad de la Persona Humana es precisamente ése: Cada ser humano es, absolutamente, señor de sí mismo; dueño de sí, de sus actos. Jean Paul Sartre, filósofo existencialista que llegó a ser muy popular en las décadas de los 50`s y 60`s decía que “estamos condenados a ser libres”. Nuestra vida es una elección constante. Incluso no elegir es ya elegir (elegir nada o elegir no).
De modo que la libertad radical de la persona humana debe quedar fuera de discusión: Puedo elegir, si quiero, lanzarme desde una azotea, regalar todos mis bienes a los pobres o vivir tan “intensamente” como Jim Morrison y morir a los 27 años por tantos excesos y aventuras.
El problema central de la ética es: ¿Qué hago con mi libertad? Si soy absolutamente libre, ¿qué me conviene hacer? Viene al cuanto una expresión genial de Saulo de Tarso: “Todo te es permitido, pero no todo te edifica”.
Responder esta cuestión implica, necesariamente, reconocer que el ser humano tiene diversos condicionamientos que no son opcionales, que están, por así decirlo, inscritos en nuestra propia naturaleza, por ejemplo: Tengo que alimentarme y no de cualquier cosa, sino de aquello que me permita una vida sana y suficientemente larga (comer una lechuga y agua me hará anoréxico y moriré pronto; el exceso de grasas me acabará de un infarto; el pez Globo no puede comerse salvo si se prepara de una forma muy especial porque puede ser venenoso); tengo que trabajar; luchar por la vida, no puedo no alimentarme, no guarecerme del frío, no tener una serie de bienes materiales que harán mi vida mejor. Por otro lado, me doy cuenta que no puedo vivir aislado, que el hombre es verdaderamente un ser social: Necesito de los otros para vivir bien (porque no se trata sólo de vivir sino de vivir bien). Consecuentemente, habrá que preguntarse sobre cómo es mejor la convivencia con los otros a quienes necesito, pero que a su vez ellos me necesitan a mí. Necesito abrirme a los otros y cooperar con ellos, pese a todo: Pese a nuestras diferencias, eventual falta de empatía, distintas percepciones del mundo o hasta jerarquía de preferencias personales.
Se va viendo que ante la libertad absoluta que tenemos, hay relaciones causales no opcionales que orientan nuestra libertad. Hay cosas que por naturaleza no puedo hacer. Hay otras que en aras de una mejor convivencia, tampoco. Y viceversa: Hay cosas que por naturaleza o por convivencia de vida social debo hacer, me guste o no. Esos deberes no opcionales, me señalan un camino para vivir mi libertad correctamente: Es decir, para mi propio bien real.
Por otro lado, todo acto humano libre tiene consecuencias que debo asumir: Puedo alimentarme de agua y lechuga para sentirme modelo de Vogue, pero deberé de afrontar los problemas de salud consecuentes; o bien puedo insultar a mi jefe por “x” o “y” razones, pero deberé asumir la eventualidad de perder mi empleo. Por esto es que no se puede hablar de libertad sin responsabilidad y que el reto principal de ser humano es educar nuestra inteligencia para dirigir correctamente nuestra libertad: Hacer verdaderamente lo que más conviene a nuestro pleno desarrollo.
De ahí que se diga, una y otra vez, que la ética se funda en la naturaleza humana (y eventualmente en el Creador de esa naturaleza que es Dios). No puede entonces fundarse ni en un credo religioso particular, ni en las costumbres sociales, ni en la ley positiva del estado, ni en otros sistemas de autoridad específico. Incluso más: Si se quiere que una institución religiosa (o credo), el orden social, el estado de derecho o cualquier ejercicio de autoridad sirvan verdaderamente a la persona humana, es necesario que todo ello se fundamente en la propia naturaleza de la persona y, por ende, en una ética de corte naturalista. Todo lo que gire en torno al hombre, debe ser para el bien del hombre, para conducirlo en su fin último, que es la felicidad o la plenitud de su desarrollo.
Algunos puntos a destacar en la película El Señor de las Moscas:
1. Primera asamblea y elección del jefe. Necesidad de poner reglas, de organizar la convivencia social; de nombrar una autoridad y trabajar de modo coordinado en pos del fin común de todos los miembros de la comunidad. Llama la atención que la elección cae en Ralph: La predilección por el mayor. Se considera que tiene más experiencia, parece ser una persona más accesible.
2. Encontramos desde el principio dos actitudes hacia el poder. Servir vs Dominar, la primera encarnada por Ralph, la segunda por Jack. Servir implica dirigir, mandar, tener la facultad de ejercer el poder social en función del bien común, el del grupo. Dominar, en cambio, implica usar el poder en beneficio privado: el bien particular del que manda. En este caso tenemos el nacimiento de una tiranía. Nótese un principio básico de filosofía política: Si la autoridad no sirve el bien común se convierte en tiranía y aparece el mal en el orden social.
3. Se aprecia también la necesidad de la civilización. Frente al “estado de naturaleza” la vida civilizada es mucho mejor, aunque implica someterse a ciertas reglas, ordenar la libertad personal dentro de ciertos límites, considerar en todo momento el derecho absoluto de toda persona a ser respetado y valorado justamente. En el “estado de naturaleza” los hombres no sobrevivimos. Así entiende Aristóteles a la polis: Una comunidad para el bienestar. Las exigencias de la vida en ciudad (en la civilización) se pagan con creces en términos de bienestar para los ciudadanos: seguridad, progreso material, estado de derecho, igualdad jurídica ante la ley, condiciones mínimas para que pueda florecer la amistad y la vida familiar.
4. Aparece también la necesidad del Estado como la organización de la sociedad que permite ejercer legítimamente la violencia para garantizar el bien común: A Jack se le debía meter a prisión.
5. También se aprecia la necesidad de eficacia de un líder. Jack en principio crece porque los demás no ven en Ralph a un líder eficaz: Es Jack el que mata al “puerco”, el que explora la isla, etc. Quizá Ralph también lo hubiera hecho pero necesitaba más tiempo. (También se aprecia como la democracia que mira al bien común es menos eficiente que la dictadura: Ya lo decía Winston Churchill: “La democracia es la peor forma de gobierno con la excepción de todas las demás”).
6. Preguntémonos, ¿en qué pandilla nos gustaría vivir (con los fuertes o en el “kinder”)? ¿Cuál orden social puede ser mejor a largo plazo? Pensemos en el cuestionamiento que hace Piggy antes de su muerte: ¿Qué va a pasar si tenemos que vivir aquí por mucho tiempo? ¿Dónde es mejor vivir, entre la gente decente o rodeado de gandayas? ¿Entre gente íntegra que conoce, valora y vive las virtudes morales o quien las viola a su antojo?
7. Esta pregunta se relaciona con un planteamiento que hace el filósofo norteamericano John Rawls: Se nos pide que diseñemos el mundo en el que vamos a nacer pero con la condición de que no sabemos no cómo ni dónde (en qué condiciones socio- económica, de qué raza, con qué atributos físicos, etc.) ¿Cómo lo diseñaríamos a fin de no salir perjudicados e incluso lo contrario: de modo que maximicemos nuestro bienestar?
8. Otra cosa que se ve muy claramente en la película es que la libertad humana estará restringida por la propia naturaleza de la persona. En el mundo natural no podemos comer todo ni hacer lo que queramos: hay plantas venenosas, necesitamos dominar el fuego, crear técnica, solidarizarnos (trabajar en equipo).
9. Por otro lado, fijémonos en el papel que juega la esperanza para plantearnos nuestro horizonte de vida. Si el mundo se va a acabar y no hay remedio ni más allá, reventémonos, dejemos que salga y viva la fiera que hay al interior de nosotros mismos. Si por el contrario, se vislumbran condiciones para la posibilidad de que el mundo sea mejor, para nosotros y para nuestros hijos, entonces esforcémonos para que ese mundo así sea.
10. Interesante también es apreciar al mal en el corazón humano. En nada el hombre es primitivo. Todo él está transido de razón, y hasta el actuar como bestia es racional y el mal que puede hacer alcanza proporciones que no alcanzan las bestias actuando por instinto.
11. ¿Por qué se pierde la racionalidad? ¿Cuál es el costo? ¿Cuándo se pierde moralmente la pandilla de Jack? No es un instante. Es poco a poco. La conciencia moral se va relajando. Empieza por matar a la mascota de Simón y termina por asesinar a casi todos. ¿Qué causa esto? La pérdida del horizonte de vida; la falta de experiencia, una inteligencia no educada; la cobardía; el afán de disfrute inmediato sin cálculo de las consecuencias; falta también de sensibilidad hacía sus compañeros: no se aprecia que lo que les ocurre a los otros me puede ocurrir a mí también. No se percibe que el bien común es también el mío propio.
12. Sin racionalidad no hay ética. Sin racionalidad no hay vida buena. Por eso hay quienes dicen que el primer deber moral del hombre es pensar correctamente: educar la inteligencia. Así se llega a ser sabio (que es distinto de ser erudito). El mal a menudo aparece por no pensar, por actuar con estupidez.
13. De los dos líderes, ¿quién entiende mejor el valor de la persona humana? ¿Quién te gustaría que fuera tu líder?
1 comentario:
Me encanta tu artículo, me has ayudado mucho. Estoy haciendo un análisis de la relación del Sr. de las Moscas con la teoría de la Voluntad de Sentido de Victor Frankl, me leí los dos libros pero ciertos aspectos que tocaste me sirven totalmente!.. Gracias
Izza!
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