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25 diciembre 2007

LA ESPERANZA DEBAJO DE LA MESA


Marcos 7, 24-30

EL PRETEXTO

“La mayoría de la población hispana de América, está acurrucada debajo de las mesas de abundancia que suplen a una pequeña minoría de comensales privilegiados. Los privilegios de la mesa son múltiples: mayor acceso a los medios económicos y al poder. Los banqueros más conscientes del problema se acuerdan a veces de arrojar algunas migajas debajo de la mesa. Otros se preocupan por ayudar a uno que otro más afortunado a subir hasta los asientos de la mesa. ¿Pero dónde está Jesús mientras tanto? Nos gusta pensar que Jesucristo está sentado “con nosotros” alrededor de nuestra particular mesa eclesiástica. Busquémosle mejor debajo de la mesa, partiendo el pan con los que tantas veces hemos olvidado o despreciado…Nuestro amado Señor…nos insta a dejar nuestras mesas de privilegio para que todos juntos podamos comer del Pan de Vida en el suelo, alrededor de una mesa de patas muy cortas, donde nadie quepa debajo.” (Foulkes-Cook)

EL TEXTO

El texto se puede dividir en tres escenas: 1) La preparación de la mesa. (V. 24-26) Jesús tratando de pasar desapercibido, entra en una casa en la región de Tiro y llega hasta él una mujer no judía, de origen sirofenicio y de religión griega. La mención que hace el autor sobre la procedencia de la mujer es una clara evidencia de su carácter pagano y de su carencia de honor según la cultura y religión judía. La acción de esta mujer de colocarse de rodillas delante de Jesús lo hacen levíticamente impuro, sin embrago esto a Jesús no le preocupa. Los extranjeros eran considerados por los judíos como grupos inferiores, por lo cual eran objeto de discriminación, menosprecio y rechazo. El hecho de ser una mujer quien se acerca le imprime una doble porción de escándalo a la escena.2) La realidad sobre y debajo de la mesa (V. 27, 28). La mujer solicita sanidad para su hija y le ruega a Jesús que lo haga. La respuesta de Jesús no es la de actuar a favor de la petición como en otros casos, al contrario su actitud expresa el concepto que los judíos tenían acerca de ellos como pueblo escogido y del resto de los pueblos como grupos ajenos a la gracia de Dios. El calificativo de “perros”, expresa el desprecio que padecían quienes no eran judíos. Es un término despectivo usado para referirse a los extranjeros, el cual Jesús usa para designar a esta mujer. La respuesta de Jesús es muy dura, pero la reacción de la mujer es aleccionadora y desafiante: “los perros comen las migajas que dejan caer los hijos”. Es la descripción de dos realidades: los que tienen en abundancia y los que solo alcanzan a comer de las sobras. La perspectiva de quienes están sentados a la mesa no es igual a los que ven la mesa desde abajo. 3) La transformación de la mesa (V. 28,30). Ante el desafío de la respuesta de esta extranjera que reclama también ser objeto de la gracia liberadora de Dios, Jesús tiene que cambiar su concepción Judía y universalizar el Reino sin privatizaciones, ni exclusividades de ningún tipo. Esta mujer hace que Jesús coloque el mensaje del Reino al alcance de todos y todas, y el signo concreto de esa realidad lo fue la sanidad de la hija de esta mujer extranjera y pagana.

EL CONTEXTO

Ningún grupo o individuo está exento de asumir su lectura de la realidad como la más apropiada, y de convertirse en guardián exclusivo de la gracia de Dios en menoscabo y desprecio de otros y otras. El poder, queramos o no, nos coloca a comer sobre la mesa, y a tener otra perspectiva de la realidad, que por muy liberador que sea el proyecto que se represente, necesita ser confrontada por quienes sobreviven de las migajas que sobran de la mesa social, y que tienen múltiples rostros en la tierra de Abya Yala. No puede haber transformación social si los excluidos históricamente no se empoderan políticamente, pero sería en vano cualquier lucha, en la cual los otrora discriminados, se conviertan en los nuevos discriminadores; si quienes siempre han estado debajo de la mesa y ahora sentados en la misma ven con menosprecio a quienes se encuentran en los bordes de los manteles. La legitimidad de un proyecto liberador está mediada por la lectura y perspectiva que tienen los de abajo, no importa si quien esté sentado a la mesa es el mismo Jesús de Nazareth.

César Henríquez Marapacuto

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