
Damas y caballeros, para Manuel Negrete, ex-futbolista y simpatizante del PAN, quien está convencido de que los que protestan sobre Paseo de la Reforma "están muy feos", « en pocas palabras » :
« ¿Dice usted uno ochenta y cinco? »
«Sí, Don Benito, un metro con ochenta y cinco».
«Pues sí que es muy alto…»
«Así es, Señor Presidente».
«Me ha de sacar una cabeza, por lo menos…»
«Por lo menos, Don Benito. Dígame: ¿Usted quería que yo incorporara todos esos detalles en mi resumen?»
Benito Juárez se puso las gafas y abrió el informe o «resumen» como lo llamaba el secretario, en la segunda página. * * * * * *
« ¿Cómo dice, Don Benito?»
«Que así me decía mi padrino Salanueva, que en paz descanse: si te casas, Benito Pablo, cásate con una hija de blancos, para ver si así tienes un hijo con los ojos azules. Azules como el cielo… Y dígame, Señor Secretario; ¿Es muy blanco el Archiduque?
«Sí, Señor Presidente, Maximiliano es muy blanco. Y lo mismo la Princesa Carlota…? »***
Don Benito miró al secretario por encima de las gafas y señaló el escritorio.
«Es nutrida con, y no nutria de, Señor Secretario».
« ¿Cómo, Don Benito?»
«Qué debió usted poner “nutrida con una teología” y no “nutrida de una teología…”»
«Ah, qué Don Benito… siempre me corrige con el español.»
«Lo tuve que aprender muy bien, Señor Secretario, con todas sus reglas, porque no era mi lengua materna. Y lo aprendí con sangre. ¿Nunca le he contado que cuando mi tío me tomaba la lección yo mismo llevaba la disciplina para que me castigara las veces que no había aprendido bien? Si nada más por eso me fui de mi pueblo a Oaxaca para aprender castellano… “castilla”, como le decía entonces…» * * * * * *
«Y de una vez por todas, Señor Secretario, le voy a aclarar una cosa. ¿Por qué cree usted que estoy interesado en los rasgos físicos del Archiduque? A fin de cuentas a mí me debería importar un comino cómo es, ¿no es cierto? Que sí tiene el pelo rubio… lo tiene rubio, ¿verdad?»
«Sí, Don Benito, es de cabello y barba rubios… »
«Para acabarla de amolar». * * * * * *
Don Benito seguía caminando, despacio. Despacio, también, columpiaba las gafas en el aire.
«Le decía, sí, que a mí me debía importar un comino cómo es el Archiduque. Pero las cosas no son tan sencillas, Señor Secretario. Usted tiene que considerar que los escritos raciales de Gobineau han tenido mucho más trascendencia en Alemania que en Francia… ¿por qué? Porque la teoría de la superioridad pangermánica va de la mano con la idea de la superioridad de la raza blanca, incluso con la teoría de que, a unas facciones bellas, corresponde siempre una alma bella y viceversa. Y como le decía, aquí mismo, en México, no escapamos a ese perjuicio. ¿Por qué cree usted, Señor Secretario, que yo servía la mesa descalzo en la casa de los que iban a ser mis suegros, en Oaxaca? Pues porque yo era un indio prieto. * * *
« ¿Usted, sangre india, Señor Secretario? Me está usted tomando el pelo. Lo dice sólo para halagarme. Usted es tan blanco que casi es transparente. Y le decía…», dijo Don Benito y se sentó ante su escritorio, se quitó las gafas y sacó un habano y una caja de cerillo de un cajón.
«Le decía…» «Permitidme, Don Benito…»
No hay comentarios.:
Publicar un comentario