ÍNDICE POLÍTICO
FRANCISCO RODRÍGUEZ
En solidaridad con los colegas Gamaliel López Candonsa y
Gerardo Paredes Pérez, reporteros de TV Azteca
EN GUANAJUATO, EL dueño del pandero se llama Elías Villegas. Es multimillonario, cabecilla de El Yunque -- la organización político-criminal-religiosa que avanza en la conquista del poder público--, y tiene en un puño no sólo a Vicente Fox, también al dizque gobernador del Estado, Juan Manuel Oliva, mero gerente de las ambiciones de Villegas.
Oliva, a su vez, está en las manos de un psicólogo que ni mandado a hacer para el diván: el secretario ¿de Gobierno? Gerardo Mosqueda.
Oscuro personero de la tradicional "política de campanario", Mosqueda se reunió a principios de mayo con funcionarios del gobierno estatal y delegados del federal, antes quienes espetó, mutatis mutandi, que Felipe Calderón Hinojosa es presidente (sic con cargo a un tribunal federal), "¡gracias a Juan Manuel Oliva Ramírez!". Que éste, pudo haber ganado la elección del pasado dos de julio con 700 mil votos menos; en cambio, Felipe Calderón Hinojosa no lo hubiera logrado.
Y en tinta sobre papel quedaron impresas sus declaraciones que, estoy seguro, deben haberle caído "de ma-ra-vi-lla" al inquilino en turno de Los Pinos y/o alguno de sus ad lateres.
Y cual sucede siempre, Mosqueda se echó para atrás. Lo hizo sin elegancia ni galanura, más bien cobardemente. Para dar muestras de su linaje, actuó cual un patán, apenas este sábado cuando volvió a reunirse con delegados federales que, ante lo taquillero que es el tipejo, acudieron prácticamente en tropel. Ninguno querría perderse la presentación de este cómico involuntario.
Y fueron premiados por su puntual asistencia, aunque Mosqueda haya llegado mucho después de la tercera llamada, pretextando una enfermedad física, que no mental.
Mosqueda llegó desatado. Casi de inmediato se lanzó en contra de los directores de los dos principales medios impresos de Guajanuato, El Correo, donde usted lee este Índice, y A.M. A propósito, o tal vez producto de una amnesia lacunar o quizá de un síndrome de Korsakoff --alteración amnésica por alcohol, que se manifiesta en un estado de conciencia aparentemente claro, para que momentos después se altere, entrando en confusión. Sus signos: trastornos en la memoria, como la amnesia de fijación o anterógrada, por lo que no reconoce a quienes lo ven todos los días, además de tener fabulaciones--, atribuyó a uno el nombre del otro y viceversa.
Pero no sólo eso. Su intervención fue más allá. Tanto a Arnoldo Cuellar, como a Enrique Gómez les endilgó una catarata de calificativos: "Brutos, faunos rastreros, pendejos, esquizofrénicos, extorsionadores, explotadores, bueyes, soberbios, manipuladores, ignorantes que no fueron a la escuela, estúpidos, catatónicos… Alguno otro que quizá se me escapa.
El nivel de "gobernantes" en Guanajuato es pasmoso. No toleran la crítica, ni aceptan haber dicho lo que dijeron ante público numeroso. Y salen con lo de siempre. "Me malinterpretaron". La culpa es de la prensa.
Elías Villegas, dueño y señor de Fox y de Oliva, debe cambiar al secretario ¿de Gobierno?
Para que no le ande cobrando facturas a Calderón –que sólo Villegas está autorizado a convertir en metálico--, para que no le haga sombra a su gerente en la entidad, un señor chaparrito, moreno, apellidado Oliva.
A menos, claro está, que El Yunque ya nos haya declarado la guerra a los periodistas. Y que su primer "operativo" se dé en Guanajuato…
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