En México, reza el argot popular de los de abajo, “nunca pasa nada, hasta que pasa” . Esta afirmación, tan cierta para algunos conocedores de la historia nacional, pero tan desorbitada por determinista para otros, si bien se ve, al menos ha sido una rotunda verdad en el país durante los últimos 200 años de desgarramientos internos en un estado-nación hoy puesto en cuestión por la inexorable globalización capitalista y que, como el mexicano, hasta hoy, nunca ha logrado una verdadera sociedad real e integralmente emancipada para los de abajo: los trabajadores explotados y oprimidos de la ciudad y el campo.
Así fue en 1810, cuando al calor del grito de Dolores , el cura más liberal de la historia mexicana, Miguel Hidalgo y Costilla , impulsó la gestación del Movimiento de Independencia y que sería profundizado, entre otros, por José María Morelos y Pavón (quien tampoco pudo ver el triunfo final), hasta 1821, que arrojaría sus primeros frutos perceptibles liquidando lo que había sido la odiosa hegemonía de la Corona Española durante los infaustos y costosísimos tres siglos de su dominio sobre los mexicanos.
Y así fue también en 1910, cuando el 20 de noviembre de ése año emblemático de nuestra historia política, la espiral de la violencia revolucionaria sólo en principio identificada con el liderazgo que la figura de Francisco I. Madero sintetizó en los prolegómenos revolucionarios, pero quien, muy pronto, demostraría que el papel que le tocó jugar en la historia patria le quedaría grande, frente a liderazgos intelectuales de una catadura ética y moral incomparablemente superior, como en el caso de Ricardo Flores Magón, y de sus expresiones populares, genuinamente comprometidos con la causa de los de abajo , como en los casos de Emiliano Zapata y Francisco Villa .
Por eso, preguntarnos sobre si el año 2010 repetirá una experiencia convulsiva revolucionaria , alimentada por los mismos y otros principios emancipadores, libertarios y justicieros, está lejos de ser una preocupación académica de historiadores, y, por supuesto, de prestidigitadores charlatanes de la adivinación. Estamos, pues, ante una preocupación política y revolucionaria a favor de la revolución, justo cuando para muchos, las revoluciones son un dato del pasado histórico, para siempre idas y premodernas amén de indeseables. Pero para los anticapitalistas, la necesaria revolución que viene en México , habrá de ser un eficaz antídoto ante la ignominia económica y política que todo lo descompone. Así, una vez que suceda, si sucede lo que muchos estamos dispuestos a impulsar, lo que ocurra tendrá que barrer con todo aquello que explica el vergonzoso y, a estas alturas, ya insufrible “orden disciplinario y de control” capitalista salvaje y neoliberal que todo lo pudre, hundiéndonos en un mero descontento impotente, mientras no podamos realmente transformar, de raíz, dicho estado de cosas. Y mientras los poderosos se regodean en su prosperidad y privilegios que a todos los demás conculcan, casi ya, hasta el derecho a la vida, el reto nuestro ha de ser el de luchar, gestar, imaginar y desarrollar, ésa revolución que viene para cambiarlo todo. Desde la despiadada economía misma que explota sin escrúpulos a los trabajadores, quitándoles todo, mientras le entrega riqueza desmedida a unos cuantos bribones y sinvergüenzas; pasando por la simuladora política engañabobos que sólo algunos creen, o no les importa simplemente, lo que en la dimensión “política” de la vida suceda, creyendo que ello nunca lo alcanzará, mientras el principio de autoridad nos vende su “democracia” –cual si fuera detergente- y que no funciona sino como mera coartada de su falsa conciencia ideológica. Para cambiar eso, es que hay que desarrollar el 2010 revolucionario mexicano.
Por eso son dignas de encomio, las declaraciones que el Subcomandante Marcos formuló en explosiva entrevista para el diario británico The Guardian , en el sentido de ser uno de los más importantes dirigentes opositores en México, que comparte el punto de vista en este escrito desarrollado y que muchas otras organizaciones sociales, civiles y populares de abajo, empiezan a alentar frente al caos desintegrador que urge hacer estallar en mil pedazos, a como dé lugar, sí, desde luego, todavía aspiramos a que éste país se siga llamando México, y a la posibilidad misma de cambiar a la injusta sociedad que habitamos a favor de la gente y en contra de todo capitalismo.
En la entrevista referida, y dada a conocer por la agencia DPA que reprodujo el diario La Jornada , el pasado domingo 13 de Mayo, Marcos pronosticó que el año 2010 “hará prender la mecha que han dejado lista los esfuerzos estadounidenses por asegurar la frontera bilateral, lo que impide a millones de personas escapar al norte para conseguir trabajo”. Además, en el penúltimo párrafo del cable de DPA referido, Marcos también agregó: “ Dicha movilización –la del 2010- canalizará el descontento en un movimiento civil no armado y organizado, que se basará en el principio del respeto a la diferencia (…) Será tan nuevo, hermoso y terrible que hará que el mundo mire a este país de una forma completamente diferente”.
Estas declaraciones, junto a muchas otras más y sus elaboraciones correspondientes, nos están pareciendo indicar que, para el Estado y el gobierno federal, se han acabado ya los tiempos para el inicio de una legitimación ante la sociedad, imposible por sus definiciones ideológicas y sus compromisos con la reaccción. Por eso, no deja de sonar ridículo, el antidemocrático proceder de Felipe Calderón , a arrogarse desde las tambaleantes instituciones mexicanas, la función organizadora para los festejos bicentenarios , cuando es muy claro que si el presidente de facto, hubiera vivido en 1810, hubiera estado con quienes excomulgaron y asesinaron a Hidalgo, y si hubiera vivido en 1910, hubiera sido un rancio porfiriano , si no es que se hubiera identificado con Victoriano Huerta
Fuente: Alfredo Velarde, Machete Arte.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario