Zapatero en México
José Luis Rodríguez Zapatero llega este sábado a Cancún para iniciar una gira de trabajo que incluye la formalidad de una visita de Estado el próximo lunes en la ciudad de México. Además de hacer un poco de turismo (Chichén Itzá puede estar en la mira del visitante), se reunirá en el centro turístico con empresarios mexicanos y españoles, a quienes les hablará de la importancia de la cooperación bilateral, como lo hace en el artículo que al alimón escribió con el presidente Felipe Calderón y que hoy publicamos en esta edición.
A propósito de España, no deja de llamar la atención que el círculo cercano a Andrés Manuel López Obrador insista en mantener la “bola negra” que le impuso al decano de los corresponsales extranjeros en México, Joaquim Ibarz, del diario La Vanguardia de Cataluña. Gerardo Fernández Noroña, vocero del PRD, lanzó un sonoro “ni perdón ni olvido”, por la cobertura que Ibarz hizo del plantón lopezobradorista.
Para que a nadie le quepa duda: la tarde de ayer, el secretario de Gobierno de la ciudad de México, José Ángel Ávila, comió con 11 de los 16 jefes delegacionales del Distrito Federal para reiterarles que las peticiones de presupuesto que quieran plantear al gobierno federal deberán hacerlas a través de la Secretaría de Finanzas, encabezada por Mario Delgado, quien también asistió a la reunión. Así que, cuando se topen con el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, ni lo verán ni lo oirán. ¿Está claro?
El miedo no anda en burro. El presidente de la comisión de Marina de la Cámara de Diputados, José Manuel del Río Virgen (Convergencia), pidió al invisible secretario de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, que realice una evaluación profunda a los cuerpos de élite creados por el Ejecutivo en mayo pasado, así como sus resultados, que no parecen ser ni demasiados ni relevantes frente a los ataques a Pemex atribuidos al EPR.
Explicar México al mundo y el mundo a México (Calderón dixit) es el trabajo de los agregados de prensa que dependen de las embajadas, y por obvias razones, una de las plazas más importantes es la de Washington. Ahí llegará, a mediados de agosto, Ricardo Alday, en medio de lo que se conoce como “los días de perro”, por el calor veraniego de la capital estadounidense. Hay quien perdiendo, gana; es el caso de Alday, el puntero para dirigir Notimex que, al final, se quedó en la raya. La agencia noticiosa perderá a su mejor hombre en Nueva York, donde trabajó como corresponsal por más de tres lustros, y el embajador Arturo Sarukhán ganará a un experimentado y muy templado conocedor de los medios de comunicación de Estados Unidos.
Y si de medios se trata, no se puede echar en saco roto el señalamiento del embajador de Estados Unidos en México, Tony Garza, sobre la necesidad de extremar precauciones en la cobertura de asuntos vinculados con el narcotráfico en México. El diplomático abordó así la decisión del San Antonio Express News de retirar a uno de sus periodistas, presuntamente amenazado en Nuevo Laredo por personeros de Los Zetas.
Fuente: Bajo Reserva, El Universal 14 de julio de 2007
El primer año: Don Porfirio y Don Felipe
En 1905, Porfirio Díaz comenzaba su primer año por séptima vez, y su figura, a diferencia de la de Felipe Calderón en su primer año, era impresionante: “Al ser elevado por séptima vez a la Presidencia de la República, en el año 1904, gozaba el general Díaz de fama universal como un gran gobernante, de suerte que a la adulación de los que formaban el círculo que lo rodeaba (…) se agregaban ahora los elogios de la prensa extranjera (…). Pero no solamente los soberanos europeos o asiáticos, sino también el gobierno de Estados Unidos le rendían su tributo de admiración (...). Para el mundo, el general Díaz es México, y México es el general Díaz (...). El embajador estadunidense, al asistir a la toma de posesión de Díaz, el 1 de diciembre de 1904, había expresado: ‘En los mercados del mundo hay fe completa en la aptitud de México, en su perfecta integridad de propósitos de cumplir todas sus obligaciones financieras’”. (Ricardo García Granados, Historia de México desde la Restauración de la República, en 1867, hasta la caída de Huerta, México, Jus, tomo I, 1956, páginas 525-526).
Las elecciones de 1904 tuvieron la novedad de que aparecía la figura del vicepresidente y de que el periodo presidencial ya no era de cuatro años, sino de seis: Díaz, por sí o por no, se aseguraba dos años más en la silla sin olvidar que, en caso de dejar el poder, en 1910, tendría la respetable edad de 80 años. Las elecciones se verificaron sin la menor oposición y sin incidentes de ninguna clase, cosa muy diferente a lo que vimos hace un año en la elección de Calderón.
Diversos historiadores creen que estos años, de 1904 a 1910, hubieran sido la ocasión más favorable para que Díaz dejara el poder. Aunque siempre tuvo enemigos y aunque el pueblo viviera atemorizado por el autoritarismo absoluto, había también enorme conformidad o resignación por la realidad política que vivían. El Presidente no tenía enemigos externos: no había un Fidel Castro o un Chávez como sucede ahora con Calderón. En el plano internacional, Díaz gozaba de reconocimiento: cuatro años después, en la histórica entrevista Díaz-Creelman, la revista estadunidense Pearson Magazine se refería al Presidente de México como el “hombre más grande del continente”.
El citado García Granados, en los últimos párrafos del primer tomo, escribe: “Nunca tuvo un presidente o gobierno de México tan favorable oportunidad para estudiar, con toda calma, la situación política y para consultar, sin recelo, la opinión pública, a fin de llevar a efecto una trascendental reforma constitucional que hubiera asegurado por muchos años el pacífico desarrollo de la nación, como en la época de 1904 a 1907”. Obviamente eran circunstancias muy distintas a las de ahora, cuando Calderón pretende su reforma fiscal.
García Granados continúa: Díaz “no tenía enemigo exterior que temer, antes bien, gozaba de excelente crédito y hasta admiración en el extranjero; disponía de abundantes recursos materiales (…). Las clases ricas y conservadoras, tan retraídas frente a Juárez y Lerdo, se le habían adherido y la intelectualidad nacional estaba dispuesta a ayudarle en su obra de construcción política social”.
Lo anterior, del primer año de Díaz en 1905, contrasta con lo que afirmó Público-MILENIO muy recientemente, el 9 de julio: “Hay que fortalecer al Ejecutivo”, en palabras de Santiago Creel. No hace falta ser senador del partido en el poder para dejar de ver lo evidente: la devaluación de la figura presidencial que se viene deteriorando desde Díaz Ordaz a la fecha. La imagen del Presidente, en su culmen en 1905, volvió a su máxima expresión en los días del apogeo priista con Ruiz Cortines y López Mateos, cuando se tomaba no sólo el Paseo de Reforma y las calles 5 de Mayo y todo el trayecto de la Cámara de Diputados, en Donceles, a Palacio Nacional, cuando el informe presidencial era interrumpido cada cinco minutos con los aplausos serviles del Congreso y demás invitados.
Recuerdo en mis años jóvenes en la Ciudad de México, en los años cincuenta, cómo me molestaba la actitud de los acarreadores del pobre pueblo para que aplaudieran al Presidente a cambio de una torta y un refresco.
¿Felipe Calderón añorará esos años del poder absoluto del Ejecutivo? ¿Qué desea la nación mexicana? ¿Qué estamos construyendo?
Fuente: Jesús Gómez Fregoso, Milenio.
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