Buscar este blog

17 marzo 2007

Nada personal dice Epigmenio Ibarra

Manda lectora:

Como yo [no] estoy suscrita al periódico Milenio, una amiga me hizo el favor de facilitarme este artículo de Epigmenio Ibarra, titulado "Nada Personal", que apareció en la edición de hoy. El señor Ibarra se identifica plenamente con la izquierda, y siempre habra puntos en los que podamos estar de acuerdo y en los que diferamos. Pero yo lo admiro mucho como escritor, y en este escrito en particular se refiere a que el, aunque no sea panista o fecalista, y que además a pesar de que no reconoce al espurio como Presidente de México, pues el señor como quiera que sea se instaló en el poder, y no desea que le vaya mal en su empresa. Su argumento es por el bien de México y todos los mexicanos. A su vez, compara esta situación fecalista, con la situación foxista del 2000. El, simpatizaba y votó por Cuatemochin, pero reconoció esto sí, sin fraude, el triunfo del asno con botas. Y desde luego a pesar de que no ganó el candidato de sus simpatías, y que trabajó en lo posible para quitarle la venda de los ojos a la gente p'a que no se fuera con "el hombre Marlboro"; una vez ya ganada la Presidencia por el botudo, respetaba el voto popular y le deseaba al entonces Presidente Electo, una buena labor. Porque si la iba mal a él -como de hecho le fue - nos iba ir mal a todos. No sé, yo no puedo reconocer a FeCal como mi presidente, pienso que hay una diferencia abismal entre los dos "ganes". Fox, aunque yo tampoco voté por él, y a pesar de las artimañas de recursos foráneos y publicidad que mareaba- ganó a ley. Pero en el caso fecalista, hubo fraude y por lo menos 15 millones de mexicanos estamos sumamente enojados. El problema es que los panistas, al hacernos fraude electoral, nos dividió a los mexicanos en dos bandos contrarios. Es ahora en los momentos difíciles que debemos afrontar las pruebas. Y mi esperanza es de que no llegyue la sangre al río.

Recibe un saludo. Yolanda.

Nada Personal

Epigmenio Ibarra

No soy un opositor profesional. No me paso la vida siguiendo los pasos del gobernante en turno para encontrar sus errores y reseñar sus despropósitos; tampoco estoy empeñado en una confrontación ideológica sin cuartel contra el panismo y sus representantes o contra cualquier otra corriente política. Las banderas ideológicas —ya lo he escrito muchas veces— se destiñen con la sangre. He visto tras largos años de guerra a los más acérrimos enemigos darse un abrazo y apostar juntos por la reconstrucción de su país. También los he visto, aun derrotados y hundida su patria en la debacle, empeñarse en la matanza por aferrarse a lo que ellos llaman sus "ideales" y que son, en rigor, sus prejuicios ideológicos. Desde que cayó el muro de Berlín me he movido en un mundo donde la izquierda se quedó huérfana y en el que, tantos años después, aún no resuelve ni su problema de identidad ni el rumbo que habrá de seguir y donde tampoco encuentra, bien a bien, la manera de comunicarse con la gente porque no tiene claro lo que quiere comunicar. No tengo, por otro lado, un afán persecutorio porque no me considero poseedor de la verdad absoluta y creo finalmente en las reglas del juego democrático; donde puede ganar las elecciones —por un voto apenas— un candidato que no sea de mi preferencia sin que eso signifique necesariamente que todo lo que haga o deje de hacer esté mal. Por mí, por mis hijos, deseo ardientemente un México distinto, más justo, más libre, más democrático, más equitativo. Si en su construcción juega un papel protagónico un adversario ideológico, bien por él, bien por el país.

Me habría encantado —así se lo manifesté en su momento a Santiago Creel a quien me encontré, allá en julio del 2000, triunfante en un restaurante— que Vicente Fox hubiera cumplido con éxito su tarea. Le expresé entonces con sinceridad mis mejores deseos. Trabajé activamente para impedir la victoria de Fox, siempre lo consideré un
charlatán peligroso, un gerente avezado en el comportamiento frente a las cámaras, pero no fui tan loco —una vez que se produjo su victoria— como para, en un gesto de mero revanchismo ideológico, desearle que se hundiera y arrastrara con él al país; lo que desgraciadamente sucedió.

Asumía Fox el poder en 2000 con la esperanza de millones de mexicanos a cuestas. Desear su fracaso hubiera sido una traición y un suicidio. Recuerdo bien cómo Carlos Payán me consoló aquel 2 de julio diciéndome: "Al menos nos sacudimos la lápida de los gobiernos priistas. No me imaginé jamás llegar a ver la caída del régimen autoritario". Luego del duelo terminé sintiéndome, más allá de la derrota de mi candidato —el ingeniero Cuahutémoc Cárdenas—, ligero y esperanzado. Pero Fox falló. Peor que eso, Fox traicionó a los millones de mexicanos que votaron por él y a los otros muchos millones que no votamos por él pero participamos en la contienda electoral y, por tanto, de alguna manera, le extendimos un mandato que no cumplió. No es nada personal, pues, lo que tengo contra ese señor. El suyo es un agravio intolerable; un agravio contra la nación que no puede quedar impune.

Otro tanto me sucede con Felipe Calderón. No me interesa en absoluto que fracase en su gestión. No quiero que se equivoque en la lucha contra el narcotráfico y entregue, como lo hizo Fox, el territorio nacional al crimen organizado. Tampoco quisiera que fracasaran sus planes de salud o los de educación pública. No sigo los pasos de la política exterior de su gobierno sólo para constatar su sumisión frente a Washington. No vivo pendiente de sus errores ni cazando sus gazapos, ni considerando que todo lo que hace —por el hecho de que es él quien lo hace— está necesariamente mal. No, no tengo nada personal contra el señor. El problema es que no puedo considerarlo Presidente de México. No puedo hacerlo porque el señor no ganó a la buena y por tanto, haga lo que haga, la legitimidad de su mandato estará en duda siempre. Cumplirá pues Felipe Calderón cien días en el cargo; luego doscientos y luego otros cientos más hasta terminar su sexenio.

Desatará, ya lo está haciendo, un formidable aparato de propaganda para borrar de la memoria colectiva su pecado original. Habrá con seguridad mexicanos a los que el hartazgo, el tiempo, el impacto de la propaganda les haga olvidar; a mí no, yo tengo memoria de elefante. Y no es nada personal contra el señor Calderón, es sólo la convicción, la necesidad de resistir, de resistirse a aceptar que la democracia, esa que deseamos todos, se cimienta en la conformidad, en el olvido de los agravios cometidos contra ella.


Pues que coincidencia ¿no? hemos venido cantando la misma rola aquí día con día. Yo voy a cantarles una rola muy personal, una neta mía: estudio política y de entrada así se los digo neto, HAY QUE REDEFINIR TODOS LOS CONCEPTOS LIGADOS A LA "COSA PÚBLICA", A LA POLÍTICA MISMA Y REENFOCAR EL SENTIDO COMÚN. Lo anteror para sacudir la neblina o ceguera que habita en muchas para sangolotearse, inquietarse y protestar pero sin alterar el orden del sistema dominante. Ya en post de Teoría Política hemos repasado terminos como Representación, Elitismo, Democracia, etc. ¿no creen que eso hoy muchos lo definen todavía según el evangelio neoliberal? a lo que voy es que como en la pelicula Matrix en el fondo hay codigos y estos en nuestra vida real se traducen en otra cosa, un dominio permanente, es pues requisito inmediato, nos despojemos del vicio del sistema de definir las cosas vagamente, al ahí se va, sin hacer una conexión entre lo humano-físico, lo humano-espiritual y lo humano-cultural (entra la política y la sociedad). Considero que el señor Ibarra hace el ejercicio más simple y sencillo que se puede hacer NO DEFIENDE A AMLO NI SATANIZA A CALDERÓN, ÉL DESDE SU CONCEPCIÓN DE VIDA LE DICE "NO" A LO QUE SE LE DEBE DECIR "NO" Y NO SE ANDA CON LIOS. En el lenguaje correcto, sentido estricto de política es correcto decir estoy con López Obrador, más no así definirse uno solo como "soy lopezobradorista o clasificar al movimiento de resistencia como amlista, perredista, etc" HOY ESTAMOS MÁS QUE NUNCA OBLIGADOS A ASUMIRNOS COMO MEXICANOS REVISAR ESTE MISMO CONCEPTO Y COMO AGENTES DE CAMBIO LIBRES REESCRIBIR LA HISTORIA Y ALTERAR EL ORDEN DE VIDA DICTADO POR EL SISTEMA. Como estudiante y futuro profesionista yo considero es responsable e inteligente decir como Ibarra "a lo que no, no" y sin más vueltas decirle al espurio NO TE RECONOZCO LLEGALE, si logramos que la gente piense con esa claridad y no sea absorvida por los spots vamos a hacer más rápida la caída del pelele, no me cansaré de decirlo NO SOY LOPEZOBRADORISTA NADIE DEBERÍA SERLO ANTES BIEN SEAMOS MEXICANOS CON METAS CLARAS Y ESO SI, DECIDIDOS A APOYAR AL LÍDER DE UNA CAUSA JUSTA QUE HOY ES EN EFECTO LÓPEZ OBRADOR.

No hay comentarios.: